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Nueve letras, ciudad llana con canales conocida por su animada vida nocturna y por su elevado número de bicicletas. ¿Fácil no? Si habéis contestado Ámsterdam estáis en lo cierto, y sino… necesitáis viajar más 😉  y para ello hemos creado este itinerario de 2 días por la capital holandesa y no os perdáis ningún punto imprescindible. Su tamaño, la cantidad de vuelos low cost y la cercanía del aeropuerto la hacen ideal para una escapada de un fin de semana. Laten we gaan!!

Cómo llegar

El aeropuerto de Schiphol se encuentra muy cerca del centro de la ciudad (unos 15 km) y a él llegan vuelos low cost de toda Europa. Para llegar al centro de la ciudad existen varias formas:

– Tren: es la forma más rápida de llegar a la Estación Central. Los trenes están operativos las 24 horas y tienen una frecuencia de unos 15-20 minutos, el precio está alrededor de los 5 euros.
– Autobuses 197 o N97: Tiene un precio parecido al tren, aunque tarda alrededor de media hora. Los autobuses tienen una frecuencia de unos 15 minutos en horas punta, dependiendo del tráfico. Puede ser una buena opción si te alojas cerca de la zona de museos, ya que allí tiene parada.

Si adquirís la tarjeta iamsterdam, tenéis incluido el uso ilimitado del transporte público GVB de Ámsterdam (metro, tranvía, bus).

Para moverse por la ciudad existen abonos de transporte válidos para tranvía, autobuses y metro en función de nuestras necesidades:

  • El precio del billete sencillo varía en función de la distancia y cuesta 2,90€ de base, ida y vuelta son 4,40€.
  • Los abonos diarios pueden ser de 1 día (8€), 2 días (13,50€) o 3 días (19€).
  • Para más de 3 días es recomendable la OV-chipkaart, que cuesta 7,50€, es recargable y se paga en función de la distancia recorrida. Deberéis validarla al entrar en el metro o en el autobús y también a la salida.

Los billetes sencillos pueden comprarse directamente en el tranvía o en el autobús. Para comprar un abono diario podéis hacerlo en las oficinas de información turística, algunas tiendas o incluso en hoteles.

Día de llegada

El día que llegamos aprovechamos para dar un paseo por las zonas más importantes de la ciudad, la Plaza Dam, la plaza más importante de Ámsterdam y lugar en torno al cual fue creada la ciudad.

Plaza-Dam

Allí se encontraba la primera presa del río Amstel en el siglo XIII (Dam en neerlandés significa presa) y hay un montón de monumentos y edificios históricos que la rodean, entre los que destacan el Monumento Nacional y el Palacio Real.

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Construido en homenaje a los soldados holandeses caídos en la Segunda Guerra Mundial, el Monumento Nacional es un obelisco de 22 metros de altura que se alza en el centro de dicha plaza. Allí se encuentra también el Palacio Real, uno de los tres palacios del país usados por la Casa Real de Holanda y que además fue utilizado como Ayuntamiento en sus orígenes en el s. XVII.

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Además podréis encontrar el Museo Madame Tussauds y la bonita iglesia Nieuwe Kerk (la iglesia nueva), que data del s.XV. Su construcción vino motivada porque, pese a las diversas ampliaciones de la Iglesia Antigua (Oude Kerk), cada vez se necesitaba más espacio para reunir a los fieles. Allí se han celebrado bodas reales y coronaciones de los monarcas holandeses desde el año 1814.

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Cruzando el canal por la Calle Damstraat llegamos hasta el famoso Barrio Rojo, cuyas calles están iluminadas por luces de neón, mientras las prostitutas situadas en los escaparates ofrecen sus servicios. Estas mujeres alquilan el escaparate en el que trabajan y contribuyen con sus impuestos como cualquier trabajador, ya que la prostitución está legalizada en los Países Bajos desde 1911. Las primeras vitrinas en esta zona aparecieron en el siglo XVII. Por cierto, mucho ojo con sacarles fotos a las mujeres, ya que está totalmente prohibido y si lo intentais es probable que tengáis problemas, así que mejor no probar…

Está repleto de Coffee Shops, bares en los que está legalizada la venta y el consumo de marihuana pero que no ofrecen alcohol. Allí no se puede fumar tabaco y tampoco se puede sacar la marihuana fuera del local. Algunos de los más famosos son el Dampkring, ganador de la Cannabis Cup con una decoración al estilo hobbit y el Kokopelli, una smart shop que oferta unas trufas mágicas que harán que veáis literalmente las cosas de otra manera tras probarlas. Parece más una tienda de moda o de artículos para el hogar que un coffeeshop, y además de las drogas hay un bar donde sirven cafés y zumos.

Primer día

Comenzamos con la visita de la Casa de Ana Frank, la chica judía tristemente famosa por haber estado oculta en el edificio junto con su familia y unos amigos para escapar de la persecución nazi. Como probablemente ya sabréis (spoiler alert), la cosa no acabó nada bien para sus habitantes, siendo el único superviviente su padre, que fue el encargado de que se supiera su historia a través del diario que Ana escribió durante esa época. Como es uno de los lugares imprescindibles de la ciudad, es mejor ir o bien a primera hora o durante las últimas horas de la tarde antes de que cierren el museo para evitar las largas colas y sobre todo sacar con mucha antelación las entradas, pues se agotan rápidamente.

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Desde ahí nos damos una vuelta por el distrito de Jordaan, famoso porque está lleno de restaurantes típicos, tiendas artesanas y casitas cuquis. También merecen la pena una pequeña parada las calles Westerstraat, Haarlemmerstraat y las «9 straatjes» (las 9 pequeñas calles), una zona comercial con mucho encanto. Desde ahí nos acercamos hasta la Iglesia Westerkerk, cuya torre de 85 metros de altura es el lugar perfecto para disfrutar de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

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La subida se realiza en grupos de seis personas y es necesario reservar para no tener que esperar demasiado tiempo. El precio de la entrada de la torre incluye un guía en inglés que os acompañará durante la subida y cuyas explicaciones os ofrecerán una visión más profunda de la construcción de la iglesia y de su torre.

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Una vez abajo nos acercamos hasta la Estación Central, que fue construida a finales del siglo XIX en estilo neorrenacentista y diseñada por el mismo arquitecto del Rijksmuseum. Para su construcción fue necesario construir tres islas artificiales y utilizar más de ocho mil pilares de madera para sujetar la estructura. Enfrente de ella hay un montón de barcos que recorren los canales de Ámsterdam, ofreciendo unas vistas de la ciudad desde una perspectiva especial.

Nuestra siguiente parada es la Oude Kerk, una iglesia construida en 1302 y que constituye el edificio más antiguo de la ciudad. Comenzó siendo una capilla de madera que con el paso de los años se fue ampliando hasta convertirse en una gran basílica gótica.

A causa del movimiento iconoclasta, donde los Calvinistas saquearon y destruyeron cuadros y esculturas, se quedó sin decoración interior en 1566, de ahí que a día de hoy siga siendo muy austero en comparación con otras iglesias a las que estamos acostumbrados. De todos modos, su techo abovedado de madera aún conserva algunas pinturas del siglo XV y las vidrieras se mantienen intactas.

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Se puede visitar de lunes a sábado de 10 a 18 horas y los domingos a partir de las 13 horas. Lo más curioso de ella no tiene nada que ver con la arquitectura o el arte, sino su situación, ya que se encuentra en pleno Barrio Rojo, donde contrasta con los escaparates y las luces de neón: pecado y salvación se juntan en un mismo lugar.

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Y seguimos con otra iglesia, en este caso la Engelse Kerk, que data del siglo XV. Después de la Reforma esta iglesia les fue confiscada y en 1665 se vieron obligadas a unir dos casas para construir la Capilla de Begijnhof, convirtiéndose en la primera iglesia clandestina de la ciudad. Además, en este apacible barrio encontrareis la casa más antigua de Amsterdam (en el número 34), de principios del s. XVI y una de las dos únicas casas que quedan en la ciudad con fachada de madera. Al igual que en Brujas, las casas de madera fueron prohibidas en Ámsterdam debido a su facilidad para incendiarse.

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Cambiamos la religión por el arte y nos acercamos hasta el Museo Rembrandt, ubicado en la casa en la que vivió el pintor entre 1639 y 1658, puesto que cayó en bancarrota y tuvo que mudarse a otro lugar más asequible. En 1906 la ciudad de Ámsterdam adquiere y restaura el edificio usando los archivos originales que se conservaban, reproduciendo la vivienda tal y como era cuando el artista vivía y pintaba en ella.

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No podemos hacer un viaje a Ámsterdam sin hablar de tulipanes, por lo que nuestra siguiente parada es el colorido Bloemenmarkt o Mercado de las Flores en la orilla del canal Singel. Este mercado fue flotante, y aunque a día de hoy ya no lo es, ello no le resta espectacularidad.

 Bloemenmarkt Bloemenmarkt

Permanece abierto todos los días de la semana de 9 a 17:30, aunque los fines de semana está muy masificado y es recomendable evitar visitarlo. Si queréis comprar alguna semilla recordad deberéis pedirles un certificado a los vendedores para presentar en el aeropuerto y no tener luego ningún problema.

Leidseplein

Dejando atrás el mercado acabamos nuestro ajetreado día visitando dos plazas: la Plaza Spui, que originalmente era un cuerpo de agua que marcaba el límite de Ámsterdam hasta aproximadamente el año 1882, cuando fue rellenado y se convirtió en la plaza que conocemos hoy en día; y la Plaza Leidseplein, una zona con mucho ambiente llena de bares y restaurantes perfectos para tomar algo por la noche. Muy cerca de allí, en la calle Max Euweplein, podréis encontrar un montón de gente pendiente de la partida de ajedrez que se juega en un tablero gigante.

Segundo día

Este día lo dedicamos a conocer los dos museos más importantes de Ámsterdam. Comenzamos visitando el Museo Van Gogh que alberga la colección más grande del pintor con más de 200 cuadros. (No se pueden sacar fotos, así que si la calidad de las imágenes no es buena, esta es la razón… pero no he podido resistirme a intentar retratar por mi misma las obras más significativas del autor).

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Se encuentra en el Museumplein, un parque donde hay otros museos y un inmenso césped para relajarse, similar a la Isla de los Museos de Berlín. Después de maravillarnos con esas obras de pinceladas gruesas y cargadas de expresión, nos vamos hacia otros de los imprescindibles, el Rijksmuseum (Museo Nacional de Ámsterdam). Cuenta con más de 8000 obras de arte entre las que se encuentran la famosa Ronda nocturna de Rembrandt y también La Lechera de Vermeer con muchas obras maestras más.

Rijksmuseum

Uno de los parques más grandes y céntricos es el Vondelpark, que se encuentra justo al lado de la zona de los museos y que es perfecto para pasear y disfrutar de la naturaleza. Entre el barrio de De Pijp y el Rijksmuseum hay un pequeño barrio rojo en Ruysdaelkade, frente a Hobbemakade. No es tan turístico como el tradicional, por lo que se puede contemplar «la profesión más antigua del mundo» con más tranquilidad y menos agobio.

Vondelpark

Luego nos vamos a visitar las archiconocidas letras de I AMSTERDAM. Antes estaban en un sitio concreto, pero sin embargo, desde el año pasado han decidido trasladarlas de lugar y podéis consultar dónde estarán en el momento de vuestra visita en su propia web.

Iamsterdam

Para terminar el día y finalizar nuestro viaje, no podíamos pasar por alto el mayor atractivo de la ciudad, sus impresionantes canales. Los imprescindibles se hallan en el anillo Grachtengordel, declarado patrimonio mundial por la UNESCO, y que está compuesto por tres canales: PrinsengrachtKeizersgracht y Herengracht.

Comida

Y como no podía ser de otro modo, a lo largo de estos 2 días nos hemos dedicado a probar la gastronomía local, aunque si bien es cierto que por estos lares no es que sean famosos por una alta cocina… lo más típico son los bocadillos de arenque crudo con cebolla y pepinillo o también las patatas fritas con alguna salsa al más puro estilo de Bruselas.

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Los lugares más famosos de patatas fritas son Manneken Pis y Vleminckx Fries, no hay más que ver las colas que hay a la entrada de cada local, la ración pequeña es generosa y tienen un montón de salsas para combinar. (Yo me declaro fan total de la andalouse).

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Si sois amantes del queso como servidora, merece la pena probar quesos típicos de Holanda (hay un montón de tiendas en el centro donde os podéis poner finos probando las mil variedades que tienen sin tener que pagar ni un céntimo) o comer las albóndigas holandesas que se llaman Bitterballen.

Hay que tener en cuenta que los horarios son muy diferentes a los españoles, que tendemos a retrasarlos y ello nos puede acarrear desagradables sorpresas cuando viajamos por el resto del mundo, especialmente por Europa. Lo bueno es que como todo tiende hacia la globalización, existen muchos locales de comida rápida en las calles más turísticas en los que podréis saciar vuestra hambre hasta mucho más tarde de lo habitual.

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Los desayunos se toman entre las 8:00 y las 9:00 y suelen ser fuertes y muy variados, con alimentos dulces y salados. Lo más típico es el chocomel (chocolate caliente) con slagroom (una especie de crema batida).

El almuerzo se toma entre las 11:00 y las 13:00 y suele ser más flojo, siendo habituales los bocadillos o sándwiches. El plato más típico para el almuerzo es el uitsmijter (tostada de pan con jamón y huevo frito) y el Pannekoeken (una especie de crêpes a la holandesa).

La cena es considerada como el plato más importante del día y se suele comer entre las 18:00 y las 20:00. Aquí se suele servir una gran variedad de platos algo más elaborados como por ejemplo el Rijsttafel (veinte o más pequeños platos de carne, pollo y verduras que se acompañan con diversos tipos de arroz) o Erwtensoep (sopa de guisantes).

Coffeeshops

Hablar de Ámsterdam y no pensar en los escaparates rojos o los porros es inevitable. Hay miles de coffeeshops repartidos por toda la zona centro, así que decidimos probar por nosotros mismos la experiencia. Estuvimos en uno de los más turísticos llamado el Bulldog, veréis que hay un montón de locales, aunque hay uno más especial, The First, que fue el primero en abrir en la ciudad allá por 1975.

Compramos unos porros ya liados de una variedad «flojita», vienen 4 en una caja de cartón y nos salió todo por 14€. Allí no se vende alcohol, sólo zumos, refrescos o batidos para evitar malas experiencias con la combinación; y en general el ambiente es muy relajado.

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Luego me empeñé en probar la famosa spacecake, así que nos acercamos al Popeye, también muy tranquilo y agradable, situado en una calle en la que hay un montón de locales de este tipo a ambos lados.

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Curiosidades de Ámsterdam

Las casas inclinadas y sus ganchos

Probablemente os hayan llamado la atención las casitas del centro de la ciudad, estrechas, un poco amorfas y con un gancho en su parte superior; pues bien, os voy a explicar el porqué de estas construcciones, ya que no es algo casual…

ganchos

Hay que recordar que se trata de un terreno originalmente pantanoso, que tuvo que ser drenado y contenido con diques, por lo que el precio del suelo era muy elevado. Para ello, la mejor opción era la construcción en vertical, accediendo a cada planta por empinadas y estrechas escaleras. Por ello, a modo de método adicional de sujeción, se colocaron unas grapas que se pueden apreciar en la mayoría de las fachadas que contribuyen a evitar que el edificio se venga abajo.

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Lo de los ganchos y las fachadas ligeramente inclinadas tiene su origen en el mercadeo. Me explico: la parte superior de las casas eran utilizadas como almacenes para guardar la mercancía con la que se comercializaba en la ciudad y que se transportaba en barcos a través de sus canales. Y ¿por qué arriba de todo con esas escaleras infernales? pues porque así el género estaba a salvo de las ratas, de las subidas del nivel del mar y del alcance de los amigos de lo ajeno

Para ello colocaron esa especie de ganchos sobre los que colocan poleas para poder levantar las mercancías y los muebles e introducirlos en las viviendas, y dado que algunos eran voluminosos y podían dañar las paredes al subir, diseñaron la parte frontal de los edificios ligeramente inclinadas hacia delante y evitar este problema.

Las tres equis

Seguramente habréis observado que donde quiera que miréis encontraréis tres equis estampadas por toda la ciudad, incluida su bandera. Su significado no está claro, aunque hay dos teorías que destacan sobre las demás.

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Una de ellas es que San Andrés, uno de los apóstoles y patrón de Ámsterdam, murió en una cruz con forma de equis. La otra dice que las tres equis representan los desastres que han afectado a la ciudad a lo largo de su historia: los incendios, las inundaciones y la peste.

  1. A mi me gustó mucho también, pero hay muchas cosas que al final no pude ver, así que seguro que yo también volveré, y espero que pronto!! y sí, la lluvia es un fastidio… pero siendo del norte es algo que está en nuestro ADN jajaja 😉

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