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A poco menos de 700 kms de Madrid se encuentra Lisboa, una ciudad cosmopolita pero a la vez llena de encanto y tradición. Os contamos nuestro recorrido de tres días para que no os perdáis ni uno sólo de los imprescindibles, pero antes, ahí van unas cuantas cosas básicas que probablemente ya sepáis, pero que nunca está de más recordar:

Datos Básicos

  • Alojamiento: un hotel de calidad media puede llegar a costar unos 40 euros por noche y persona. Nosotros solemos mirar en booking o airbnb para encontrar las mejores ofertas.
  • Idioma: el idioma oficial es el portugués, aunque no tendréis problemas ya que muchos entienden y hablan español e inglés.
  • Moneda: euro €. Podéis hacer la conversión a vuestra moneda aquí.
  • Cómo llegar: la forma más rápida y cómoda de llegar a Lisboa es en avión, si lo pilláis con antelación podréis sacar buenos precios de las principales aerolíneas low cost, nosotros solemos mirar en skyscanner y nos funciona bien. Para ir desde el Aeropuerto de Portela hasta la ciudad lo más económico es tomar la línea roja de metro. El precio por trayecto es de 1,40€. Otra opción es el autobús: hay varios buses locales de la compañía Carris cuyo billete sencillo cuesta 1,85€ y un bus especial que se llama Aerobus que sale de cada 20 min del aeropuerto y tiene un coste de 4 €. Se tardan unos 40 min en llegar al centro.
  • Huso horario: Lisboa se sitúa en la misma franja horaria que Reino Unido o las Islas Canarias (UTC / GMT: 0), con lo cual si venís desde España, tendréis que atrasar vuestro reloj una hora.
  • Enchufes: el voltaje común es 230 V y las clavijas y enchufes son del tipo F o C.
  • Lisboa Card: si tenéis pensado ir a algún museo y moveros en transporte público, la mejor opción es adquirir la Lisboa Card, que incluye entrada gratuita a monumentos importantes como el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém, el Arco de la Rua Augusta o el Elevador de Santa Justa entre otros e importantes descuentos para el Palacio Nacional de Sintra, Palacio da Pena, Parque de la Pena, Quinta da Regaleira o el Oceanário. Además, dispondréis de transporte ilimitado de metro y autobús, tren gratuito a Sintra y Cascais y un 43% de descuento en el Aerobus. Su precio es de 19 € para 1 día, 32€ para 2 días y 40 € para 3 días. Podéis adquirirla aquí.
  • Tarjeta de transporte: otra opción es comprar la tarjeta de transporte público Viva Viagem, pero debéis tener en cuenta que no vale una tarjeta para dos personas, sino que cada uno debe tener su propia tarjeta y cargar allí los viajes que se necesiten. Se pueden adquirir en las estaciones de Metro, Carris y en puntos de venta autorizados por toda la ciudad, en máquinas expendedoras o en taquilla.

Día 1: El centro histórico

Un imprescindible de la ciudad es el centro histórico, por lo que le dedicaremos íntegramente nuestro primer día en la capital lusa. Se puede llegar en transporte público (el famoso tranvía 28) o a pie salvando cuestas y adoquines, que es nuestro caso.

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Es el barrio más antiguo de Lisboa. Sus callejones con paredes de azulejos desconchados y suelos de adoquines nos dan una imagen de la Lisboa más tradicional. En la colina se encuentran las ruinas del Castelo de São Jorge, uno de los emblemas de la ciudad y al cual se accede pasando bajo el arco de mismo nombre.

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Una vez dentro podremos pasear libremente entre sus once torres, el patio de armas, los calabozos o la Puerta de Moniz (llamada así en honor al caballero Martim Moniz, que sacrificó su vida para permitir el acceso y con ello la victoria a sus compañeros ante la invasión musulmana). La entrada cuesta 8,50 € y abre de 9 a 18h del 1 de noviembre al 28 de febrero, y de 9 a 21h desde el 1 de marzo al 31 de octubre.

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Las mejores vistas del barrio con vistas al Tajo se obtienen desde los miradores de Portas do Sol y Santa Luzia. Este último está adosado a una iglesia del mismo nombre, en cuya fachada sur podemos observar una pared de azulejos donde se representa la Plaza del Comercio antes del terremoto de 1755 y la toma por los cristianos del Castillo de São Jorge.

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Ya cerca de la cuesta abajo hacia la estación de tren de Santa Apolonia encontraréis los martes y los sábados la Feira da Ladra, un mercadillo callejero en el que antiguamente se vendían objetos robados (de ahí el nombre), pero que hoy en día es más parecido al Rastro de Madrid, muy turístico y donde conviven objetos artesanales modernos con antigüedades y quincallería de todo tipo.

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Muy cerca de allí se encuentra la catedral románica, también conocida como la , una de las iglesias más antiguas de Lisboa (su construcción comenzó a mediados del siglo XII). Alberga los restos de San Vicente (patrón de la ciudad) cuyo ataúd según cuenta la leyenda, acompañaron dos cuervos en su traslado a la ciudad.

El Panteão Nacional de Lisboa era conocido como Iglesia de Santa Engracia, comenzó a construirse a finales del XVII y se terminó del todo en ¡¡1966!! Sí, habéis leído bien, casi 300 años hasta obtener su aspecto definitivo… de ahí que los portugueses hayan creado la expresión popular «obras de Santa Engrácia« para designar algo que nunca se acaba. Allí se encuentran enterradas personalidades como el futbolista Eusebio o la cantante de fado Amália Rodrigues.

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Lo más destacable es su gran cúpula blanca, que puede contemplarse desde algunos de los miradores del barrio como el de Santa Luzia. En la parte superior hay una amplísima terraza nos ofrece una de las mejores panorámicas de Alfama.

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Otro imprescindible es la Casa dos Bicos, sede de la Fundación José Saramago y cuyo nombre se debe a su fachada de piedras talladas en forma de picos (bicos). En la actualidad alberga exposiciones temporales y eventos culturales varios.

La Baixa

Otra zona emblemática es la Baixa, que como su propio nombre indica se trata de la parte llana situada entre las colinas que albergan a los barrios de   Alfama y el Chiado y se caracteriza por sus calles rectas en forma de cuadrícula. Es la zona comercial y con más ambiente de Lisboa y está apenas a 5 min a pie desde la Casa dos Bicos. Puede ser un buen sitio donde alojarse, ya que está muy bien comunicado con todas las zonas importantes de la ciudad.

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Tiene como arteria principal la calle peatonal de Rua Augusta, calle turística por excelencia que atraviesa el barrio de norte a sur y nos lleva a la monumental Plaza del Comercio (también conocida como Terreiro do Paço) tras atravesar el arco Triunfal de la Rua Augusta. Desde el mirador se ven unas espectaculares vistas de la Plaza del Comercio, que abre la ciudad al río Tajo y la Rua Augusta. Podéis adquirir las entradas desde 2,50€ aquí.

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La Plaza de Rossio es el centro neurálgico de la ciudad desde el siglo XIII, donde se concentraban las actividades cotidianas. En un lateral de la plaza se encuentra uno de los edificios religiosos más curiosos de Lisboa: la iglesia quemada de Santo Domingo (São Domingos)Tras el terremoto de 1755, la iglesia quedó prácticamente destruida debido al maremoto que se originó como consecuencia. Se reconstruyó después, pero a mediados del siglo XX un incendio arrasó su interior, quedando con un aspecto muy similar al que vemos hoy. Destaca la estación de tren del Rossio con su preciosa fachada modernista.

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Muy cerca de la iglesia se encuentra A Ginjinha, uno de los locales más antiguos de Lisboa donde degustar un chupito de este licor típico de la ciudad. Lo reconoceréis porque es muy pequeño y siempre hay un montón de gente fuera haciendo cola para comprar botellas o pedir chupitos.

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En la rua Santa Justa os encontraréis con una curiosa construcción: el elevador de Santa Justa, un ascensor construido en 1902 con una estructura de hierro que nos recuerda al estilo de la Torre Eiffel, que une los barrios de la Baixa Pombalina y el Chiado. 

En la parte superior se encuentra una amplia terraza donde podremos obtener unas buenas vistas del río, la Plaza de Rossio, la Plaza del Comercio y el Castillo de San Jorge. Al salir por la pasarela que conecta con el Chiado, está la Praça do Carmo, frente a la que se encuentran las hermosas ruinas del antiguo Convento do Carmo.

Chiado y Barrio Alto

Para llegar al Chiado podéis tomar el  Elevador de Santa Justa o patear las calles en cuesta si os véis con ganas. Es un barrio vinculado a la cultura y la bohemia local, donde se encuentran algunas de las librerías más tradicionales de Lisboa o cafés emblemáticos como A Brasileira, con la estatua de Fernando Pessoa sentado en una mesa junto a su puerta.

Y como estamos en lo alto, no podían faltar un par de miradores donde divisar una vez más los edificios más singulares de la ciudad. El mirador de San Pedro de Alcántara ofrece unas vistas estupendas del Castillo de San Jorge, la Catedral, el casco histórico, la iglesia de São Vicente da Fora, etc. Pero más que las vistas, su atractivo reside en su entorno y construcción, con un gran panel de azulejos donde indica cada monumento que se ve desde el lugar y unos bonitos jardines con esculturas y mosaicos que crean un espacio de lo más romántico.

Desde el Elevador da Bica se llega al mirador de Santa Catalina, desde donde podemos divisar el estuario del Tajo, los barrios de San Paulo y Lapa, el Cristo Rey, el Puente 25 de Abril y el gigante marino mitológico Adamastor. Aunque lo mejor es el ambiente en su terraza, con artistas callejeros amenizan tocando sus tambores y guitarras, y en verano suele ser escenario de conciertos nocturnos.

La Praça Luís de Camoes, uno de los escenarios de la Revolución de los Claveles, marca el límite de los barrios del Chiado y del Barrio Alto. Este último es el lugar más famoso de la vida nocturna lisboeta lleno de pequeños bares de todo tipo y la gente está en la calle bebiendo y charlando.

Otras zonas del centro histórico

Al norte del Rossio se encuentra la Plaza de los Restauradores, en cuyo centro se ubica un obelisco que conmemora la separación de España. Desde allí se abre la Avenida da Liberdade, una amplia avenida arbolada al estilo de los Campos Elíseos de París que llega hasta la zona de Marqués de Pombal y alberga tiendas de lujo, teatros y hoteles de cinco estrellas.

Marqués de Pombal es una enorme plaza que marca el comienzo del centro económico y moderno de la ciudad. En ella se sitúan las sedes de los principales bancos portugueses e importantes cadenas hoteleras. Allí comienza el Parque Eduardo VII.

Día 2: Sintra

Nuestro segundo día lo dedicamos a visitar otro imprescindible de la zona: Sintra, cuya parte antigua y sus palacios han sido declarados  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está situada a unos 30 kilómetros y tiene fácil acceso en transporte público. Lo mejor es ir en coche, aunque hay que madrugar bastante debido a que las plazas de aparcamiento son limitadas y suele haber atascos para moverse por la zona.

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La manera más cómoda y rápida de hacer el recorrido en transporte público es tomar el tren de cercanías. La línea de Sintra sale de la estación de Rossio y el trayecto completo dura aproximadamente 40 minutos. Podréis ver más detalles aquí.

La estación de cercanías está en pleno casco histórico y desde allí salen los autobuses circulares que suben hasta arriba de la colina. En lo alto nos encontramos con el Palacio da Pena y el Castelo dos Mouros. Del castillo apenas queda nada mientras que el palacio está en perfecto estado y es realmente bello tanto por dentro como por fuera. Fue construido en la primera mitad del s. XIX como residencia de verano de la familia real portuguesa sobre las antiguas ruinas de un monasterio. Podéis adquirir las entradas aquí.

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Además de su arquitectura, destacan unas impresionantes vistas de toda la Sierra de Sintra y un jardín poco visitado pero que también merece la pena ver. Otro de los lugares de interés en el municipio el Palacio Nacional de Sintra, situado en el centro del pueblo. Fue construido en el siglo XVI y destaca por su fachada y sus chimeneas en forma de torre. Podéis comprar las entradas sin cola a partir de 10 € aquí.

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A poco más de un kilómetro del centro del pueblo, nos encontramos con otro atractivo imprescindible: la Quinta da Regaleira. Es una finca que cuenta con una bonita mansión que fue residencia de verano de una familia acomodada durante los primeros años del s. XX y cuenta con un jardín especial y con cierto toque surrealista. El punto más interesante del jardín es el llamado Pozo Iniciático, una galería circular en forma de espiral que veréis hasta la saciedad en Instagram por la que además se puede descender. Quien haya acabado pronto puede continuar la ruta hacia Cabo da Roca, pero sólo lo recomiendo si se ha ido en coche, ya que las conexiones en autobús son complicadas.

La opción para ir de Sintra a Cascais en transporte público sería tomar la línea 403 de la empresa de autobuses ScottURB. Es la más interesante desde el punto de vista turístico, ya que va por la costa y para en el Cabo da Roca. Por su parte, la línea 417 hace el recorrido de Sintra a Cascais por el interior. Ambas líneas tienen sus terminales en la estación de tren de Sintra y en la terminal de autobuses de Cascais (junto a la estación de tren). Las frecuencias son de aproximadamente una salida por día.

Los acantilados de Cabo da Roca tienen interés turístico por las impresionantes vistas de la costa que se nos ofrecen desde sus 140 metros de altura sobre el nivel del mar y la curiosidad geográfica de ser el punto más occidental de la Europa continental, una especie de Finisterre luso.

Por la carretera de la costa, antes de llegar a Cascais encontraremos la playa de Guincho, rodeada por un entorno de dunas y que presume de ser una de las más atractivas de los alrededores de Lisboa para quien busque entornos más salvajes. Siguiendo por la misma carretera, ya llegando a Cascais, nos encontraremos con la Boca do Inferno, una pequeña zona de rocas donde el mar rompe con estrépito para darle ese nombre.

Día 3: Belém y Parque das Nações

Belém es otra gran visita imprescindible en Lisboa, situado casi a las afueras de la ciudad alberga dos obras importantísimas: el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém.

El Monasterio de Los Jerónimos (Mosteiro dos Jerónimos) fue construido a principios del s. XVI para conmemorar el regreso con éxito del navegante Vasco da Gama de su expedición por la India y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983. Su nombre se debe a que en sus primeros años fue residencia de los monjes de la Orden de San Jerónimo, aunque desde el s. XIX es patrimonio del Estado.

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Destaca por su fachada de más de 300 metros de largo y un hermoso claustro. La entrada, de estilo manuelino, se denomina Portada del Mediodía y va paralela al río Tajo; y al oeste se encuentra la puerta principal, a la que se accede desde la nave de la Iglesia de Santa María de Belém, en la que destacan las seis columnas talladas que sostienen una impresionante bóveda nervada.

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A poco menos de un km de allí nos encontramos con la Torre de Belém, levantada sobre la antigua playa de Restelo, desde donde partían las carabelas en sus expediciones hacia otros continentes y actualmente Patrimonio de la Humanidad.

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La torre se construyó en el s. XVI como fortaleza para proteger la entrada al puerto a través del Tajo, aunque con el tiempo su uso defensivo quedó relegado y se utilizó como centro recaudador de impuestos e incluso prisión. Su estructura tiene dos elementos principales: la torre y el baluarte, desde donde se realiza el acceso a través de una pasarela. Justo en su entrada podréis observar una curiosa maqueta a todo detalle, destinado a las personas invidentes, para que puedan hacerse una idea de lo que tienen delante y desgraciadamente no pueden ver.

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Otro monumento imprescindible es el Monumento a los Descubrimientos (Padrão dos Descobrimentos), construido en 1960 para conmemorar los 500 años desde la muerte de Enrique el Navegante. Este enorme monolito de piedra con forma de carabela tiene nada más y nada menos que 52m de altura en los que aparecen 33 personalidades representativas de la Era de los Descubrimientos mirando al Tajo.

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En la parte norte del monumento está situada una gran rosa de los vientos sobre un mapamundi dibujada en el suelo, que refleja las rutas que siguieron los antiguos descubridores. Por lo visto fue un regalo de Sudáfrica en el momento de la construcción.

Y nuestra ruta no estaría completa sin pasar por la famosa Antiga Confeitaria de Belém a degustar los maravillosos pasteles de nata (pasteis de Belém), elaborados con una receta secreta de esta fábrica que hace que sean únicos en la ciudad. Se pueden tomar en la cafetería del interior o comprarlos para llevar, y como aguantan bastante bien se pueden llevar como regalo sin problema. Eso sí, armaros de paciencia porque las colas son monumentales.

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Nuestros pasos se dirigen hacia el Lx Factory, una antigua zona industrial transformada en espacio creativo que recuerda un poco al Matadero madrileño, lleno de arte urbano, bares cuquis, galerías de arte y tiendas modernas.

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Allí hay un bar llamado Rio Maravilha donde se encuentra una enorme estatua de una mujer colorida llamada Crista Rainha, en contraposición a la escultura del Cristo Rei del otro lado del río. Os recomiendo ir atentos a los carteles, puesto que este local se encuentra en un 4º piso, donde convive con numerosos puestos de coworking y talleres artesanales. Cierra los lunes, cosa que no sabíamos y por lo tanto, sólo pudimos verlo por fuera 🙁

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Otro lugar similar y cercano es el Village Underground, situado debajo del puente 25 de Abril, basándose en la larga experiencia de su homónimo londinense, y cada vez más conocido por turistas y locales. Podréis encontrar las mejores obras de street art en este enlace.

Si todavía os quedan más ganas de conocer la ciudad, os recomiendo que os acerquéis a la zona más moderna de la ciudad, Parque das Nações, que fue reformada con motivo de la Exposición Mundial de 1998. Allí se encuentran edificios como la estación de Oriente (diseñada por Santiago Calatrava), el pabellón Atlántico o el centro comercial Vasco da Gama.

Este barrio también acoge el impresionante acuario del Oceanário de Lisboa, que hará las delicias de niños y mayores (se pueden comprar las entradas sin colas desde aquí). Es el mayor acuario de interior de Europa y cuenta con un total de 16.000 ejemplares de 450 especies marinas, repartidas entre sus diferentes espacios. El gran tanque central tiene el tamaño de 4 piscinas olímpicas y en él hay reunidas más de 100 especies. Eso sí, preparad unas 2 horas para recorrerlo por completo.

A un paso de ahí se encuentra el Puente Vasco da Gama, el más largo de Europa. Fue construido en el contexto de la Expo ’98 como emblema de la exposición y también como solución parcial a los atascos originados en el Puente 25 de Abril para entrar y salir de Lisboa.

Otras alternativas en Lisboa

Si os gustan los mercados podéis visitar el Mercado de Arroios y comer en sus puestos o bien en el Timeout Ribeira, que es más comercial. Otra opción muy agradable es cruzar el río Tajo y disfrutar de las vistas desde la margen sur. Desde la estación fluvial de Terreiro do Paço hay catamaranes que salen hacia Barreiro y desde Cais do Sodré salen ferries al barrio de Cacilhas. También podéis disfrutar de un paseo en la ruta del tranvía 28, que os llevará por todo el centro histórico de Lisboa.

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