Tintín, Magritte, Rubens, Jean-Claude Van Damme, Audrey Hepburn… aparentemente parecen personajes sin relación alguna, sin embargo tienen un nexo común, y es que son más belgas que los mejillones con patatas fritas. He estado visitando las ciudades más importantes en un recorrido de lo más típico pero no por ello exento de belleza, a continuación os dejo todos los detalles a tener en cuenta si queréis visitar el país. Allez allez!!

Cómo ir del aeropuerto de Bruselas al centro de la ciudad

Bruselas tiene 2 aeropuertos, el principal llamado Aeropuerto de Zaventem y el Aeropuerto de Charleroi, al que suelen volar compañías lowcost. Está situado a 55 kilómetros al sur de Bruselas, por lo que si encontráis precios similares en ambos, es mejor ir al principal ya que es más cómodo para ir a la ciudad.

Autobús

La empresa Flibco tiene autobuses que comunican el Aeropuerto de Charleroi con Bruselas cada 30 minutosLa duración del trayecto es de 1 hora y la estación de destino es Bruselas-Midi (en la calle Rue de France). El precio del billete es de 14,2€ y no hacen descuento por comprar ida y vuelta, al menos online.

Si voláis a Zavetem la empresa De Lijn comunica el aeropuerto con el centro de Bruselas en unos 30 y 40 minutos. El precio del billete es de 3€ con transbordos incluidos durante 60 min. Transcurrido ese tiempo, podréis seguir vuestro camino pero sin realizar ningún cambio de autobús.

El Autobús es la opción más barata. Hay dos líneas, la 12 (línea express con menos paradas) y la 21, que conectan el aeropuerto de Bruselas con la ciudad con una frecuencia de entre 20 y 30 minutos. El precio de billete es de 4,5 euros. Se compra en la máquina automática situada en la misma parada. Si se lo compras al conductor te lo cobrará más caro (6 euros).

El problema del autobús es que no te deja en el centro de Bruselas. Sus dos últimas paradas (Schuman y Place Luxembourg) están en el barrio europeo. Lo más recomendable es bajarse en la parada de Schuman que tiene a escasos pasos una estación de metro con líneas que conectan directamente con el centro de Bruselas.

Por su parte la parada de la Place Luxembourg, situada justo enfrente del Parlamento Europeo, está también conectada por autobús con el centro o es posible coger el metro en la estación de Maalbek, a 5 minutos caminando.

Tren

El tren es la opción más sencilla para llegar al centro de Bruselas desde el aeropuerto. Para en las tres estaciones principales de Bruselas: Gare du Nord, Gare Central y Gare du Midi. La Gare Central es la estación más céntrica y está situada a escasos pasos de la Grand Place.

La estación de trenes del aeropuerto de Zaventem está situado en la planta -1. El precio del billete al centro es de 8’9 euros y pasan con una frecuencia de 15 minutos. La duración del trayecto es de unos 20 minutos. Podéis informaros de los horarios en la web oficial de los trenes belgas: http://www.belgianrail.be

Taxi

Los taxis de Bruselas se encuentran entre los más caros de Europa, puesto que una carrera al centro de Bruselas sale en torno a los 45 – 50 euros.

Día 1

Comienzo el día con una estatua meona pero no tan conocida, el Zinneke Pis. Es un perro sin raza que está orinando sobre un bolardo y que representa la esencia multicultural y multirracial de Bruselas.

Zinneke-Pis

Se encuentra en la esquina de Rue des Chartreux y Rue du Vieux Marché aux Grains.

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Después de las fotos de rigor continúo hacia la Place Saint Gery, donde se halla Les Halles Saint Gery, un gran edificio de estilo renacentista flamenco que se construyó en 1881 como mercado. Anteriormente en su lugar había una catedral gótica del s. XVI, demolida en la época de la Revolución Francesa, donde se colocó una fuente con forma de obelisco proveniente de la abadía de Grimbergen y que todavía se conserva.

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Hago una pequeña parada en la zona de la Bolsa, cuyo edificio fue erigido sobre el bulevar de Anspach entre 1868 y 1873, ocupando el emplazamiento del antiguo mercado de la mantequilla, que a su vez se levantaba sobre los restos del antiguo convento de recoletos. Combina elementos de estilo neorrenacentista y Segundo Imperio con una explosión de adornos y esculturas de artistas famosos como Auguste Rodin. En sus alrededores se concentran gran cantidad de restaurantes y bares, y está muy concurrida por la noche, por lo que es una buena opción para ir a cenar.

Sigo avanzando por la Rue des Bouchers (calle de los carniceros), una de las más turísticas de Bruselas en la que podemos observar algunos de los edificios más antiguos de la ciudad, para llegar a uno de los imprescindibles, la Grand Place. Esta plaza está rodeada por antiguas casas gremiales decoradas con objetos dorados y esculturas alegóricas, destacando el Ayuntamiento y la Maison du Roi (donde se encuentran los trajes del Manneken Pis).

Zinneke-Pis Grand-Place-04

El protagonista de dicha plaza es el Ayuntamiento, construido en el s XV con estilo gótico. En su fachada destaca la torre de 96 metros de altura en cuya cima se encuentra una estatua de San Miguel y un montón de estatuas de todo tipo, aunque en realidad son copias, y las originales se encuentran en el museo situado en la misma plaza.

Everard-t'-Serclaes

En una de las calles que salen de la Grand Place (calle Charles Buls) se puede ver una estatua de bronce algo desgastada de Everard t’ Serclaes, conmemorando el lugar en el que murió asesinado en 1388. Este señor era un héroe belga que recuperó el poder de Bruselas en una exitosa campaña militar contra los flamencos, ciudad de la que fue cinco veces concejal. Se dice que tocarle el brazo trae suerte, si se le acaricia de pies a cabeza ayuda a contraer matrimonio, pero ojo con hacerlo en sentido contrario, pues esto ayudará a separarse de la actual pareja.

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Desviándose desde la Rue des Bouchers por la Impasse de la Fidélité se llega a una calle sin salida donde está escondida tras unas rejas, Jeanneke Pis, la niña meona. Justo al lado se encuentra la cervecería Delirium Tremens, la más famosa de Bruselas por la gran variedad de cervezas que posee, más de 2.000 clases.

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Mi siguiente parada son las Galerías Saint Hubert (también conocidas como las galerías reales), las primeras galerías comerciales de Europa y aún hoy en día dicen que son las más elegantes. Miden 200 metros y se dividen en tres tramos: el del Rey, el de la Reina y el de los Príncipes. Están cubiertas por una enorme cúpula de cristal que deja pasar la luz pero no la lluvia y me recuerdan ligeramente a las Vittorio Emanuele de Milán.

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De ahí retrocedo hasta la Iglesia de San Nicolás, de origen gótico, construida en 1381 sobre un templo románico. El paso del tiempo, los saqueos, guerras e incendios han hecho que su apariencia se haya ido deteriorando. Hoy en día luce una sobria fachada, producto de una profunda restauración que se llevó a cabo a mediados del pasado siglo XX.

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En sus alrededores se encuentran los pasajes L’Image Nostre-Dame y À la Bécasse, donde se hallan antiguas cervecerías medievales que contaban con salidas ocultas por las que escapar, ya que eran lugares de reunión de aquellos que luchaban por la libertad de Bruselas.

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Continúo el paseo hasta otro de los highlights de la ciudad, la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Comenzó a edificarse a principios del siglo XIII sobre una construcción románica del siglo XI y no se vio terminada hasta dos siglos después. Al principio era conocida como la Iglesia de San Miguel hasta que en el año 1047, depositaron en el interior los restos de Santa Gúdula, y de ahí la iglesia pasó a tener el nombre actual. A pesar de su antigüedad, la iglesia no adquirió el título de catedral hasta 1961.

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Después de todo el día de incansable pateo, me paro a descansar en el Parque del Cincuentenario, que cuenta jardines y distintos edificios entre los que se incluye uno del afamado Victor Horta. Hay un arco en su entrada a cuya parte alta de puede subir de forma gratuita que recuerda a la puerta de Brandenburgo en Berlín.

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Comienzo la vuelta al hotel parando en la zona del Parc de Bruxelles, donde se halla el Palais Royal, y continúo hacia el Mont des Arts, un lugar construido para la Exposición Universal de 1910. Leopoldo II decidió demoler los viejos edificios y convertir la colina donde se asentaban en el bello mirador que es hoy. Hay una zona ajardinada y distintos niveles desde donde observar los tejados de la ciudad baja.

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Reanudo la marcha hacia el Grand Sablon, una elegante plaza rodeada de las mejores chocolaterías, restaurantes y tiendas que son sólo para mirar dados sus precios. En ella se celebra un mercado de antigüedades detrás de la Iglesia de Nuestra Señora de Sablon. Justo enfrente se encuentra otra plaza llamada Petit Sablon, vallada y rodeada de 48 estatuas de bronce,que representan a cada uno de los antiguos gremios medievales (albañiles, cerveceros, escultores, pizarreros…).

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La mejor vista panorámica de Bruselas se puede disfrutar desde la explanada que hay frente al Palacio de Justicia. Desde ahí se puede ver la Torre Sur, el Atomium y la Grand Place, especialmente bellos si se contemplan al atardecer y el tiempo lo permite.

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Casi al lado me topo con el barrio de Marolles, una zona con tiendas de antigüedades y bares acogedores de rollo moderno y pequeñas tiendas con encanto, una especie de «Malasaña» belga. Allí se celebra a diario el Mercado de las Pulgas en la Place Jeu de Belle, del que se dice que lleva en el mismo lugar abriendo todos los días desde 1919. Ocupa el centro de la plaza y se pueden encontrar infinidad de antigüedades, ropa y complementos, muebles o artesanía. Cierra a las 14 aproximadamente, así que en mi caso me encuentro a los feriantes recogiendo ya los puestos, recordad ir pronto si queréis verlo.

Llega la hora de comer y estoy en la zona de la Chapelle, donde había leído en otro blog que había un pequeño local donde se hacían los mejores bocadillos con queso de la ciudad, así que me dispuse a hacer cola para degustar semejante delicatessen, puesto que sólo dispone de 3 mesas y el dueño personaliza y aconseja a cada cliente sobre los bocadillos, con lo que se pasa unos 20 minutos con cada persona… echad cuentas de si os compensa, porque me tiré ¡¡una hora y media!!

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Y sí, son baratos (unos 6 euros de media) y están ricos, pero también os digo que después de la espera podría haberme comido lo que fuera… El dueño es genial y habla bastante buen español, y eso sí, hay otro pequeño detalle que hay que tener en cuenta: puede que hagáis cola y cuando llegue vuestro turno no quede pan y vuestro gozo en un pozo, y una gran espera para nada, así que mi recomendación es ir bien temprano por si acaso… el lugar en cuestión se llama Tonton Garby.

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Con la barriga llena salgo hacia el gran símbolo de Bruselas o lo que es lo mismo, el Manneken-Pis, el pequeño (tan sólo mide 65’5 cm) niño meón con cara de travieso. Fue creado en 1388 y se encuentra entre las calles L’Etuve y Chene, junto la Grand Place.

Fueron muchas las ocasiones en las que diferentes ejércitos intentaron robarla, hasta que un ex convicto logró hacerse con ella. Los habitantes de Bruselas quedaron consternados hasta que, en el año 1619, se colocó una copia en el mismo lugar y se ha mantenido allí hasta nuestros días.

Con el paso de los años se han creado cientos de leyendas sobre el Manneken Pis. Estas son las más extendidas:

  • El niño de la estatuilla apagó de una forma tan original una mecha encendida, salvando así a la ciudad de un incendio.
  • Cuentan que durante la batalla de Ransbeke, se colgó de las ramas de un roble la cuna donde estaba el hijo de Godofredo de Lorena. Durante la batalla, el niño salió de la cuna y le encontraron orinando en un árbol.
  • Según otra leyenda, el hijo de un noble de Bruselas abandonó una procesión para orinar en la pared de la casa de una bruja que le lanzó un maleficio convirtiéndolo en estatua.

La escultura dispone de un montón de vestidos, que se pueden visitar en un museo muy cerca de allí. En la reja de la fuente hay un papel con la programación de los trajes que llevará a lo largo del mes, en mi caso, el simpático niño me recibió vestido del Athletic Club de Bilbao, ya que se conmemoraba el décimo aniversario de la peña.

Justo al lado del pequeñín se encuentran varias gofrerías, de las que había oído hablar maravillas, así que me planté en una para conseguir mi ansiado gofre perfecto. Ciertamente estaba increíble y además lo hicieron delante de mí, pero los 6,50€ que tuve que desembolsar me dolieron…

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Dicen por ahí que los de Lieja (los ovalados) son más baratos que los de Bruselas (rectangulares) y que si valen menos de 4 euros es que son congelados… esa decisión ya que la tome cada uno, aunque en mi opinión, para eso estamos de vacaciones, y un capricho de vez en cuando no viene mal 😉

Día 2

Comienzo el día visitando otro de los símbolos de la ciudad, el Atomium, una estructura de 102 metros de altura construida para la Exposición General de primera categoría de Bruselas de 1958.​ Representa un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. Está formado por nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro cada una. La estructura fue planeada para permanecer seis meses, sin embargo rápidamente se convirtió en una atracción turística que perdura hasta hoy en día.

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Muy cerquita de allí está el Parque Mini Europa, que posee unas 350 maquetas hechas a escala 1/25 mediante las que se representan 80 ciudades de la Unión Europea. Cerca de 300.000 visitantes lo recorren cada año atraídos por miniaturas tales como una Torre Eiffel de trece metros de altura o un Big Ben de cuatro metros. Está repleta de jardines y elementos móviles como molinos, camiones, trenes y barcos e incluso el Volcán Vesubio en plena erupción.

Algunas maquetas llaman especialmente la atención por su cantidad de detalles, como es el caso del Ayuntamiento de Bruselas, para el que se esculpieron a mano casi 300 estatuas, o la Catedral de Santiago que necesitó 24.000 horas de trabajo para su realización. Y es que además, ese nivel de definición conlleva lógicamente un alto precio, como por ejemplo La Grand Place de Bruselas, que costó nada más y nada menos que 350.000€

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Situada en el periférico barrio de Koekelberg, la Basílica del Sagrado Corazón (Basilique de Koekelberg o Basilique du Sacré-Coeur) es una joya de la arquitectura Art Decó del s.XX. Es un edificio bastante austero y de enormes dimensiones, ya que sus 89 metros de alto y 167 de largo la convierten en la quinta iglesia más grande del mundo.

Se construyó para conmemorar el 75 aniversario de la independencia de Bélgica. Comenzó a edificarse en el año 1905, pero su construcción tuvo que detenerse durante las dos Guerras Mundiales, de modo que no se vio terminada hasta 1971.

A mí la verdad es que no me gustó mucho, y esto unido a que está bastante alejada del centro e incluso del Atomium hace que la visita pasase sin pena ni gloria. Juzgad por vosotros mismos si os merece la pena desplazarse hasta la zona sólo para verla, personalmente si no sois superfans de la arquitectura no lo recomendaría.

Y desde ahí me dirijo de nuevo al centro para dar los últimos paseos por sus calles antes de tomar el tren que me llevará de nuevo al aeropuerto. Aprovecho para comer en la zona de Sainte Catherine, un barrio con mucha vida tanto de día como de noche. Al lado de la iglesia del mismo nombre hay unas mesas y bancos corridos donde la gente suele llevarse su comida y bebida y disfrutar del ambiente siempre que el tiempo lo permite.

Como veis, 2 días bien aprovechados que dan para ver todo lo imprescindible de la ciudad, y si disponéis de más tiempo, con un par de días extra podéis ver ciudades tan hermosas como Gante y Brujas.

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