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La capital austríaca es una ciudad señorial, llena de música clásica, preciosos edificios, museos y parques que compiten junto con Praga o Budapest por el título de la ciudad más bonita de Europa. Aquí os van unos cuantos consejos sobre qué ver en Viena en 2 días para que no os perdáis nada importante en vuestra visita. Lass uns gehen!!

Cómo llegar

El aeropuerto está situado a menos de 20 kilómetros de la ciudad, por lo que podemos ir al centro de varias maneras:

  • Tren: la forma más rápida de llegar es coger el City Airport Train hasta la estación de Wien Mitte, cuyo trayecto es de tan sólo 15 minutos. Desde allí podréis enlazar con el tranvía 1 o con las líneas de metro 3 y 4 para ir a vuestro hotel. El precio es de 12 euros, o 21 euros el billete de ida y vuelta.
    Otra opción de tren más barata es coger la línea S7 de la compañía OBB que por menos de 4 euros os llevará hasta Viena en 25 minutos.
  • Autobús: el bus Airliner conecta el aeropuerto con la línea 3 de metro en unos 15 minutos. El billete tiene un precio de 5 euros, pero si disponéis de la Vienna Pass está incluido. Otra alternativa es coger el bus del Vienna Airport Lines. El billete sencillo cuesta 8 euros y el de ida y vuelta 13 euros.
  • Taxi: un taxi al centro de la ciudad sale por unos 40 euros.
  • Transporte privado: con un precio parecido al taxi, es la opción más cómoda si vais en grupo.

Primer día

El día comienza a las 9 de la mañana en el centro histórico con la visita al Palacio Hofburg, residencia de invierno de la familia Habsburgo durante más de 600 años. Durante el recorrido se puede ver el Museo de Sissi, que incluye muchos de sus objetos personales además de las antiguas habitaciones imperiales que compartió con el emperador Francisco José. Mientras vamos avanzando por las dependencias, la audioguía nos va contando datos de su intensa vida, cosa que en parte sabíamos gracias a sus películas pero que nunca está de más recordar. La entrada está incluida si comprais la tarjeta Vienna city card.

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A la salida del Hofburg podéis acercaros a la cercana Biblioteca Nacional de Austria, de estilo barroco del siglo XVIII y considerada una de las bibliotecas históricas más bonitas del mundo. Es más una especie de museo que una biblioteca en sí, donde destaca la Sala Imperial con sus globos terráqueos antiguos, estatuas y pinturas; y como está situada en el centro de la ciudad la visita no os llevará demasiado tiempo.

Al salir de la biblioteca, cruzando el parque Burggarten se llega hasta la Ópera de Viena, uno de los templos más emblemáticos de ópera a nivel mundial. El edificio de diseño renacentista fue inaugurado en 1869 con una obra de Mozart y alberga una historia un tanto oscura, puesto que el arquitecto que la creó no pudo soportar las críticas de los vieneses y se quitó la vida. Pero la cosa no queda ahí, sino que se contrató un segundo arquitecto que, incapaz de aguantar la presión, murió de un infarto.

El interior del edificio sólo se puede recorrer con una visita guiada, pero si no os apetece, podéis conocerlo comprando una entrada para ver algún espectáculo. Las mejores butacas suelen costar a partir de 150€, pero también existe una versión muy lowcost si se está dispuesto a verla de pie por 3 y 4€. Eso si, estas entradas baratas no se pueden adquirir de forma anticipada, sino que hay que hacer cola un par de horas antes de la obra para comprarlas. En nuestro caso, optamos por una tercera opción que es verla desde fuera, ya que gozan de amplias pantallas exteriores para que todo el mundo pueda disfrutar del espectáculo.

A pocos metros de la Ópera se encuentra la Iglesia de los Capuchinos, una pequeña iglesia barroca que alberga la Cripta Imperial, donde descansan los miembros de la realeza, entre los que destaca el féretro de Sissi Emperatriz.

A la salida nos acercamos al famoso Café Sacher para degustar su homónima Tarta Sacher con un buen café, todo un must si se visita la ciudad. Con energías renovadas nos damos un pequeño paseo hasta la Catedral de San Esteban, el símbolo religioso más importante de Viena y en el cual se celebró la boda y el funeral de Mozart.

Está coronada por una gran torre con forma de aguja de 137 metros de altura construida en estilo gótico que puede verse desde diferentes puntos de Viena. Y como en la mayoría de edificios de este estilo, la subida no es fácil, ya que se realiza mediante una escalera de caracol. Si disponéis de la Vienna Pass, la entrada está incluida, y sino, podéis adquirir las entradas sin colas con audioguía, torre y catacumbas por 14,90€ aquí.

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En la parte posterior de la catedral se puede ver su famoso Tejado de los Azulejos, formado por más de 250.000 azulejos que tuvieron que ser restaurados tras quedar seriamente dañados durante la II Guerra Mundial. Otros elementos que tampoco os debéis perder son:

  • Púlpito de Pilgram: un precioso púlpito de estilo Gótico Flamígero tallado con gran precisión cuyo creador se autorretrató bajo la escalera. Aparece asomándose a una ventana para mirar y admirar su obra, razón por la cual se conoce popularmente como «el mirón».
  • Las catacumbas: excavadas a mediados del siglo XVIII, recogen en sus osarios los restos de más de 10.000 ciudadanos vieneses.
  • La Campana Pummerin: hecha a partir del bronce fundido de los cañones que dejaron las tropas turcas al retirarse de la capital en 1683. Durante el gran incendio de 1945, la campana se cayó y quedó destrozada, aunque se reconstruyó años después. Se encuentra situada en la inacabada torre norte, a la que se accede en ascensor.
  • Imagen de Cristo crucificado: situada en la capilla de Tirna se encuentra una imagen de Cristo que según la leyenda tiene una barba de pelo humano que continúa creciendo.

Tras la visita continuamos con un paseo por el Parque de la Ciudad o Stadtpark, que tiene varios lugares que merece la pena conocer tales como el monumento a Johann Strauss o el edificio del Kursalon, en el que se celebran importantes conciertos y bailes.

Saliendo del StadtPark nos topamos con la Ringstrasse, una avenida circular de más de 5 kilómetros en la que se ubican gran parte de los edificios más importantes de la ciudad. Allí os encontraréis con el Museo de Historia del Arte, la Iglesia Votiva, el Parlamento, el Ayuntamiento, la Bolsa, el Teatro Imperial o la Universidad entre otros.

El Parlamento de Austria fue diseñado con un estilo denominado Historicismo, con la intención de que su construcción recordase a la antigua Grecia como cuna de la democracia. Cuenta con dos grandes salas de sesiones unidas por un gran pórtico central: la sede del Consejo Nacional y el Consejo Federal.

La Iglesia Votiva es una de las construcciones sacras de estilo neogótico más importantes del mundo, destacando sus dos torres gemelas de 99 metros en forma de aguja. En 1853, el emperador Francisco José fue atacado por un hombre que intentó asesinarlo con un estilete. Tras el frustrado intento de asesinato, se abrió una colecta para construir un templo en el lugar en el que ocurrió el atentado que fue inaugurado en 1879 con motivo de las bodas de plata de la pareja real.

Segundo día

El día comienza sobre las 9 de la mañana, ya que a esta hora abre el Palacio Schönbrunnantigua residencia de verano de la famosa Sissi Emperatriz. Se encuentra a 8 kilómetros del centro de la ciudad, aunque se puede llegar fácilmente con la línea de metro U4 o en tranvía. Los interiores llaman la atención por su recargada decoración de estilo rococó, pero a mi lo que me maravilló particularmente fue el exterior, con sus enormes y cuidados jardines, no en vano es conocido popularmente como el Versalles austríaco.

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Tras un buen paseo nos vamos de un palacio a otro, en este caso el Palacio Belvedere, de estilo barroco con unos magníficos jardines de tres niveles y grandes fuentes. Allí se encuentra una de las obras maestras de la pintura, El Beso de Gustav Klimt. La entrada está incluida en la Vienna Pass, que pese a su precio compensa, puesto que las visitas a los palacios no son precisamente baratas.

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Desde ahí nos acercamos a la Plaza Schwarzenberg. En agosto de 1945, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, se erigió el Monumento a la Guerra (ahora conocido popularmente como el Monumento a los Héroes del Ejército Rojo) detrás de la fuente Hochstrahlbrunnen.

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Dicho monumento representa a los 17.000 soldados soviéticos que cayeron en la Batalla de Viena para liberar a la ciudad de los nazis. Hasta 1955 estuvo allí colocado un tanque soviético T-34.

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La fuente que lo preside fue construida en 1873 para celebrar el primer acueducto que traía agua a Viena desde los Alpes, al quedarse insuficiente para la creciente población el agua proveniente de los Bosques de Viena y del río Viena. Alrededor de la base de la fuente hay 365 fuentes más pequeñas representando los días del año; otras simbolizan los meses, los días de la semana, las horas

Nuestra siguiente parada es la Karlskirche o Iglesia de San Carlos Borromeo, una obra maestra barroca de la ciudad que constituye el segundo templo más grande de la capital después de la catedral de San Esteban con unas dimensiones de 80 metros de alto por unos 60 de ancho.

Karlskirche

Durante la fuerte epidemia de peste que azotó Viena en 1713 el emperador Carlos VI prometió que en cuanto la ciudad se viera libre de esta calamidad, levantaría un templo dedicado a san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y héroe de la epidemia de peste de 1576.

En ella se combinan diferentes estilos: la fachada central representa un pórtico griego, las columnas a su lado son de inspiración barroca y sobre la entrada domina una gigantesca cúpula. Las dos columnas citadas presentan relieves en espiral que muestran periodos de la vida de San Carlos Borromeo al estilo de la columna Trajana de Roma. El tema que se representa en la columna izquierda es la constancia y el valor en la de la derecha.

En el frontón se encuentran relieves que describen los sufrimientos de la ciudad durante la peste de 1713, y está coronado por una estatua del santo patrón. Las escaleras de la entrada se encuentran flanqueadas por ángeles que representan el antiguo y el nuevo testamento.

Y tras esta visita llegamos a nuestro último destino en la ciudad, el Volksgarten o «jardín del pueblo». En el siglo XIX se encontraban en este lugar las murallas defensivas que destruyó el ejército de Napoleón. Aquí se encuentran diferentes puntos de interés tales como sus rosaledas, el monumento a la emperatriz Sissí y el Templo de Teseo.

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