playa de el sardinero

Mi asignatura pendiente del norte desde hace mucho era Cantabria, y por fin pude resarcirme esta Semana Santa y pasar 4 maravillosos e intensos días en estas tierras.

La excusa era examinar el terreno y realizar alguna parte del recorrido de la carrera de trail y MTB  “Los 10.000 del Soplao”, con salida en Cabezón de la Sal, por este motivo este diario es una breve reseña, limitada a un área concreta, con la esperanza de volver pronto ya que esa mezcla de colores, olores y sabores me ha dejado con ganas de más.

DIA 1

Llegamos a mediodía a nuestro alojamiento en Cóbreces, así que decidimos dejar las cosas en la habitación e irnos a comer a la playa de Luaña para aprovechar el día. Como estamos en el norte, el viento y la temperatura del agua nos hacen desistir del baño; aun así, pasamos un rato agradable tomando el sol en la arena y posteriormente degustando un plato típico de la zona: las rabas, con una cerveza fresquita en la mano (¿acaso se puede pedir más?)

Nos cambiamos de ropa y nos dirigimos hacia los acantilados de El Bolao, apenas a 1 kilómetro y medio de nuestro hotel. Para llegar hasta allí hay que meterse por una carretera al lado del restaurante Alfonso, y luego seguir las indicaciones de los carteles, es muy fácil y se puede hacer andando o en coche.

el-bolao

A mano derecha hay un arroyo denominado Arroyo de la Presa, en cuya desembocadura se encuentra una cascada. Aprovechando la altura de la misma se construyó una pequeña presa y un molino de agua, que hoy en día está en ruinas.

Retornamos en cuanto se va el sol y después de una ducha nos disponemos a cenar en Santillana del Mar, una preciosa ciudad en la que parece que se ha detenido el tiempo siglos atrás, con sus calles empedradas y sus balcones de madera.

 

DIA 2

Habíamos decidido que este día lo íbamos a dedicar a visitar pueblos por la mañana y entrenar por la tarde, así que partimos con rumbo a San Vicente de la Barquera (pueblo que se popularizó a raíz del cantante David Bustamante).

Es un pueblo pequeño con mucho encanto, se puede recorrer en poco tiempo y perderse por su zona medieval es un indispensable. Sorprende la fluctuación de la marea; tan pronto está el agua en su máximo nivel, y al cabo de una hora no queda ni rastro de ella.

Su puerto pesquero es uno de los más importantes de la región, además de un paso importante del Camino de Santiago por su Ruta Costera. Su cercanía al Parque Natural de Oyambre, sus playas, su entorno natural y su patrimonio artístico convierten a este pueblo en una de las visitas obligadas en todo viaje a Cantabria. Nos movemos hacia Cabezón de la Sal, donde aprovecharemos para callejear y picar algo antes de inspeccionar su entorno natural a golpe de bicicleta y zapatilla, ya que se encuentra en la Hoz de Santa Lucía, que atraviesa la sierra del Escudo de Cabuérniga.

Unas horas y una palmera de chocolate después, nos damos una ducha rápida, y sin apenas tiempo para descansar, escogemos Comillas para cenar y dar un vistazo rápido, ya que el última día lo dedicaremos a profundizar un poco más.

 

DIA 3

Después de dormir un poco más y recuperarnos del esfuerzo del día anterior, nos liamos la manta a la cabeza y a visitar pueblos y parajes naturales. La primera parada es en Suances, donde nos dirigimos a su parte más turística, que es la zona de playas.

La mayor de ellas es la playa de la Concha, un gran arenal separado de la desembocadura de la ría por un espigón. Junto al pequeño puerto pesquero se encuentran las playas de la Ribera y la Riberuca, dos pequeños arenales bañados por las aguas de la Ría San Martín.

suances-loslocos

La otra playa de la villa, Los Locos, está situada en la denominada “Punta del Dichoso” y es una de las más afamadas localizaciones surferas de toda España. Aquí encontramos el faro, junto a él, el mirador del Torco.

Después nos dirigimos a Liencres, famoso por su Parque Natural de la Dunas de Liencres, un enclave sin igual donde se funden agua y tierra, formando un marco incomparable que eclipsa al visitante.

Destaca por sus playas a lo largo de los 8 kilómetros de litoral, pero como queremos llegar a Santander, hacemos parada sólo en Somocuevas, dejando el resto para otra visita. Está dividida en dos partes: una muy pequeña y rocosa y otra algo más grande y de arena.

Tiene una longitud de 100 metros y su acceso es a través de una escalera que desciende desde un alto acantilado situado al oeste de la playa. A esta escalera se llega por un estrecho sendero que proviene de la zona de aparcamiento. La pendiente de acceso al agua es suave y el oleaje también es suave porque está protegido de mar abierto por una ensenada.

A tener en cuenta que está frecuentada por nudistas, de hecho, nosotros vimos a una valiente mujer que estaba tomando el sol, a pesar del fresco que hacía.

Y por fin llegamos a Santander, la capital de Cantabria, cuya visita no puede faltar en vuestra ruta. Dejamos el coche en la zona de El Sardinero y vamos dando un paseo por su espléndida playa de fina arena hasta llegar a la Península de la Magdalena.

Subimos hasta el Palacio, que fue residencia de verano de Alfonso XIII, ya que yo no lo conocía y he de decir que me encantó. El enclave no puede ser mejor, rodeado por el mar Cantábrico, donde se alza este majestuoso edificio de estilo inglés, en el que hoy día se celebran reuniones, bodas, congresos y cursos de verano de la prestigiosa Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Volvemos dando un paseo, visitando el mini zoo situado en sus aledaños, que alberga leones marinos, focas y pingüinos. Observamos también de camino al coche los preciosos edificios del Casino y Gran Hotel Sardinero, cuya arquitectura nos traslada a principios del siglo pasado, cuando pasaban aquí sus veranos los miembros de la clase alta de la sociedad española.

Como todavía tenemos mucho que recorrer, partimos a la denominada villa de las tres mentiras, Santillana del Mar (que no es santa, ni llana, ni tiene mar, pero que es preciosa, añado yo). Maravilloso lugar de calles empedradas que posee varios bienes de interés cultural, como la Colegiata de Santa Juliana y la Cueva de Altamira, aunque esta última no se puede visitar debido al impacto que supone la gran cantidad de visitantes sobre sus pinturas. Para ello, han creado una reproducción exacta denominada Neocueva, cuya entrada general cuesta 3€ y 1,5€ la entrada reducida.

Además de trasladarte a la época medieval mediante el paseo por sus calles, puedes ir al Museo de la Tortura, comprar algunos productos típicos de la provincia en las numerosas tiendas repartidas por todo el pueblo, o sentarte en un banco de la Plaza Mayor a tomarte un buen sobao del tamaño de una mano con un vaso de leche.


DIA 4

Amanecía el último día y queríamos aprovecharlo al máximo, así que temprano por la mañana nos dirigimos hacia Ruente con la intención de entrenar por el Parque Natural de Saja-Nansa una última vez antes de la carrera.

Después de unas cuantas horas trotando por esos parajes, nos cambiamos en el coche y comemos en una terraza cercana aprovechando el buen tiempo que hacía. La oferta gastronómica en este pueblo es amplia, en nuestro caso elegimos un restaurante que se llama La Nogalea (su cartel de Estrella Galicia me ayudó en la elección, jeje). Tomamos arroz con bogavante, un surtido exquisito de croquetas y una tarta de queso buenísima, por si algún día pasáis por allí 😉

Nuestro viaje toca a su fin, pero no sin antes parar un rato a ver Comillas, una de las localidades más emblemáticas de Cantabria. Los emigrantes regresados de América en el siglo XIX convirtieron a este pueblo en uno de los más interesantes desde el punto de vista arquitectónico con sus casas de diferentes estilos.

Aunque sin duda hay un estilo arquitectónico que destaca sobre los demás. El Modernismo dejó en Comillas edificios tan singulares el Palacio de Sobrellano y su Capilla Panteón, la Universidad Pontificia y, por supuesto, El Capricho del genial arquitecto catalán Antoni Gaudí.

 

La entrada general cuesta 5 € y 2,50€ la de niños de 7 a 14 años y las visitas guiadas son gratuitas. Éstas son muy interesantes, ya que de ir por nuestra cuenta, tan sólo pasaríamos por su interior sin apreciar los detalles tan ingeniosos que ideó Gaudí para su cliente.

Después de la visita dimos un paseo por la zona antigua, compramos unos souvenirs de rigor y nos acercamos al mirador para ver el mar y despedirnos de él. Dejaremos el cementerio famoso por la escultura del ángel y el paseo hasta la Universidad Pontificia de Comillas para la próxima visita, que será dentro de poco 😉

Lo mejor del viaje

  • Visitas a los pueblos de Comillas y Santillana del Mar.
  • Naturaleza en estado puro y la tranquilidad de los pueblos.
  • Comida (el norte nunca defrauda, ofreciendo una gran variedad de platos, a cada cual más rico ñam!).
  • La tarta de queso de Brasas y Tapas en Cóbreces.
  • El clima (se estaba agradable al solecito y sin ese calor mesetario tan agobiante).

Lo peor del viaje

Presupuesto

Alojamiento: hotel Casa Alfonso 165€ (sólo alojamiento)

Comida: 240,25€ (entre compras de mercadona, pastelerías y restaurantes)

Gasolina: 50€

Ocio: entrada el capricho 10€ (2p)  sobaos de recuerdo 3,90€  imanes y otros souvenirs 5€

Total: 237€ por persona (59,25€ /día) 

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