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Si os gustaría hacer un viaje exótico, cercano y bastante económico, Marruecos puede ser una buena opción para hacer una primera incursión al continente africano. Os lo contamos con todo detalle:

Día 1

Llegamos a Marrakech a la hora de comer, así que nos dirigimos a la plaza Jemaa El Fna para comer, ya que además nuestro alojamiento está muy cerca de allí. (Creo que se llamaba Zeitoun Cafe, pero no estoy segura, eso sí, tenía una terraza con vistas a la plaza muy agradable).

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Dejamos las cosas en la habitación y nos ponemos a inspeccionar la Medina, donde nada más empezar a callejear se nos acercan amablemente por si nos pueden ayudar (por unas monedillas a cambio, cosa que no tardamos en descubrir que era habitual). Total, que al final acabamos visitando la zona de los curtidores de cuero, que resultó bastante curiosa. Nada más entrar, nos dan una rama de hierbabuena para poner en la nariz, no lo entendimos hasta que entramos en la curtiduría…

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Allí vimos explanadas con agujeros donde tratan las pieles, por lo visto algo que deja el cuero muy suave es la caca de paloma, así que entre eso y los restos de animales muertos que había en el lugar os podéis hacer una idea del olor… y ahí es cuando la ramita en la nariz fue nuestra salvación. Después de la visita nos hacen entrar en un edificio donde tienen la tienda, donde nos presionan un poco para que nos llevemos algo, lo cual resultará habitual a lo largo de nuestro viaje.

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Después nos dirigimos hacia el Palacio Bahia, una de las obras arquitectónicas más importantes de Marrakech. Fue construido a finales del s. XIX y su nombre significa «el bello» o «la bella». (No se sabe si el nombre viene dado por el palacio en sí, o por la mujer preferida del visir).

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Consta de 150 habitaciones que dan a diversos patios y jardines, aunque se encuentran todas vacías. Cuando murió el visir mucha gente, incluidas sus esposas y el propio sultán, decidieron desvalijar por completo cada una de las estancias. Al menos dejaron la impresionante decoración del techo, que es lo único que se puede admirar hoy en día.

Visitamos el Mellah, antigua judería de Marrakech. Situada en una zona contigua al Palacio Real, allí se instalaron los judíos expulsados de España en el siglo XVI. Para evitar conflictos con la población musulmana, se construyó una muralla con sólo dos puertas que lo conectaban a la medina para aislarlos.

Allí tenían su propio mercado, sus sinagogas y cementerio. Callejuelas estrechas, edificios pintados en colores cálidos y paredes desconchadas le dan una apariencia de encantadora decadencia.

Día 2

Fue un objetivo ambicioso, pero además de ver Marrakech, también quisimos aprovechar el viaje para conocer el desierto. Para ello, contratamos una excursión de una noche en Zagora, a 7 horas de camino, durmiendo en un campamento con haimas, que además incluía en el precio el transporte desde el aeropuerto hasta el hotel.

De camino, vimos bonitos paisajes (sobre todo montañas y valles) e hicimos parada en un Ksar o pueblo fortificado llamado Kasbah de Aït Ben Haddou. Está formado por kasbahs hechas de adobe (arena, arcilla, agua y, a veces, material orgánico como paja o estiércol secados al sol) y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987.

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Para cruzar el río Ounila que separa la fortaleza de la parte nueva hay dos alternativas: un puente o lo más divertido, cruzar sobre sacos de tierra. En la época de lluvias el río sufre fuertes crecidas y, antes de la construcción del puente, los habitantes del ksar quedaban incomunicados teniendo que cruzar con burros o dromedarios. La visita es gratuita, no siendo necesario llevar guía, aunque con toda probabilidad se ofrezcan a la entrada (se recomienda no pagar más de 50 dirhams por cabeza).

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Los amantes del cine seguro que sabéis que esta fortaleza ha sido escenario de multitud de películas, siendo uno de los lugares más cinematográficos de Marruecos. Esto ha sido muy bien aceptado por sus pobladores, ya que supone un incentivo para la economía local, además de proporcionar trabajo de extras a los lugareños.

Aquí se han rodado escenas de una larga lista de filmes muy famosos, como por ejemplo Lawrence de ArabiaJesús de NazaretLa última tentación de CristoLa MomiaGladiatorAlejandro Magno y más recientemente la serie Juego de Tronos.

Como curiosidad, comentar que una de las puertas monumentales no es original, pues fue construida en hormigón para que Michael Douglas se estrellara con la avioneta en La Joya del Nilo.

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También visitamos Ouarzazate, conocido como el «Hollywood de África», ya que aquí se encuentran los estudios cinematográficos más importantes de Marruecos llamados Atlas Studios, donde trabajan renombradas productoras internacionales.

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Llegamos a Zagora al atardecer y montamos en dromedario hasta el campamento. La experiencia no fue muy buena, la verdad, aparte de ser incómodo, nuestros guías no trataban nada bien a los pobres animales, cosa que no nos gustó nada, y por lo que NO RECOMENDAMOS a nadie que haga el tour con ellos, se llaman Ando Travel. 

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Una vez en el campamento, tomamos té, cenamos un tajine bastante bueno y nos ofrecieron un espectáculo de timbales frente a una hoguera. Después estuvimos un rato contemplando las estrellas hasta que nos fuimos a dormir en una haima.

Día 3

Al día siguiente nos aseamos, desayunamos y partimos de vuelta a Marrakech pasando por el Valle del Dra, que apenas pudimos ver, ya que nuestro conductor no quiso detenerse para poder admirarlo.

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Volvimos a nuestro riad, donde nos sentimos más cómodas y aprovechamos el día para callejear y perdernos en la medina (cosa que no es difícil, dada su laberíntica estructura).

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Por la noche nos acercamos a la Plaza de Jemaa el Fna para dar una vuelta y cenar algo en uno de sus múltiples puestos de comida. Allí hay movimiento tanto de día como de noche, os encontraréis desde domadores de monos, mujeres que te hacen los típicos tatuajes de henna, encantadores de serpientes y hasta dentistas exponiendo sus últimas piezas extraídas. Además también encontraréis multitud de puestos de zumo de naranja, especias, menta y caracoles.

Al caer la noche desaparecen los tenderetes y el espacio se llena de puestos de comida, músicos improvisados y espectáculos de diferente índole. La comida no está nada mal y los precios son bastante económicos, así que recomiendo totalmente la experiencia.

Día 4

Visitamos las Tumbas Saadíes a primera hora de la mañana. Datan de finales del s. XVI y están localizadas en un jardín cerrado al que se accede a través de un pequeño pasillo. Allí están más de 100 tumbas de sirvientes y guerreros bonitamente decoradas con mosaicos.

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El edificio más importante es el mausoleo principal. En él está enterrado el sultán Ahmad al-Mansur (el creador) y su familia. Consta de 3 habitaciones, siendo la más conocida la de las doce columnas, en la que están enterrados sus hijos.

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Después de la visita, nos fuimos en dirección contraria al zoco, descubriendo una zona menos turística y un bar de estética hipster que bien podría estar en Madrid o Barcelona, el Cafe Clock. Merece la pena pararse a tomar un rico batido en su terraza, disfrutando de las vistas de la ciudad.

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Con las pilas cargadas fuimos en busca de la Plaza de las Especias, que encontramos por casualidad, ya que la orientación en la medina es prácticamente imposible. El resto del día lo dedicamos a las compras en el zoco, intentando sacar nuestro lado más negociador al regatear en los puestos. (No deberéis pagar más de un tercio de lo que inicialmente os pidan). La mejor hora para visitarlo es por la mañana, ya que a medida que cae la tarde se van cerrando los puestos de forma paulatina.

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Allí los artesanos están agrupados por gremios; tintoreros, cesteros y ferreteros son algunos de los oficios que se dan cita. Personalmente me encantó el de los tintoreros, con sus madejas de lana de un vivo azul touareg colgando del techo.

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Como era nuestra última noche en la ciudad, decidimos darnos un «capricho» cenando en un sitio con mucho encanto, un italiano llamado Pepe Nero que recomiendo totalmente por la calidad de la comida, la atención y el lugar en sí, que parece salido de un cuento de Las Mil y Una Noches. Los precios son más caros que la media, muy similares a los españoles, pero merece la pena.

Día 5

En nuestro último día pensábamos ir a la Médersa Ben-Youssef (una madraza o escuela coránica), pero al final nos dio un poco de pereza y paseamos por última vez por el zoco haciendo compras de última hora.

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Volvimos a la plaza Jemaa el Fna y admiramos por fuera la Mezquita Koutoubia, la más importante de Marrakech. Y digo por fuera, ya que, al igual que en el resto de las mezquitas de la ciudad, la entrada está prohibida a los no musulmanes. Destaca por su alto minarete (que recuerda a la Giralda) de 69 metros y por su color, piedra de arenisca rosada, típico de la ciudad.

Su nombre significa «mezquita de los libreros» debido a las numerosos puestos de libros que la rodeaban en sus primeros tiempos.

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Desde allí tomamos un taxi (el cual ha constituido nuestro último regateo del viaje) que nos lleva de vuelta al aeropuerto, donde ponemos punto final a nuestra aventura.

Conclusiones finales

Volviendo la vista atrás, habría cosas que no haría del mismo modo. Por ejemplo, obviaría el viaje al desierto, ya que pese a ser tentador, es una paliza para tan poco tiempo (unas 10 horas a Merzouga, que es el verdadero desierto, y no lo que vimos nosotras, que fue como la antesala del mismo).

Si queréis ir al desierto id con tiempo y calma, porque esto es un requisito imprescindible en un país como este, que puede resultar imprevisible y tiene un ritmo distinto al que estamos acostumbrados. Por otra parte, esto también lo hace fascinante, así que espero volver pronto, con más tiempo y sabiendo ya a qué atenerme.

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