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En menos de dos meses volvemos a esta maravillosa tierra que es Cantabria, pero en esta ocasión atravesaremos sus montañas a golpe de zapatilla: vamos a sufrir el Infierno Cántabro en Los diez mil del Soplao.

Para aquel que no sepa de qué va esto, comentar que se trata de una carrera que cuenta con varias modalidades: BTT, bicicleta de carretera, combinada BTT-Maratón, Maratón, Ultramaratón, Ruta a Pie y SoplaoMan (un brutal triatlón que incluye 10 kms de nado en aguas abiertas, 110kms de BTT y un ultrafondo de 77 kms, casi nada…) en el entorno del Parque Natural Saja- Besaya.

 

 

A las 8:00 de la mañana comenzaba la prueba, Cabezón de la Sal era todo un hervidero, gente por todos los sitios. La salida estaba dividida en varios grupos según modalidad, que se situaban cada uno en una calle de las que confluían en la rotonda que tiene la escultura de la bicicleta de madera.  Suena lo que se ha convertido ya en el himno oficial de la prueba, la canción del grupo australiano AC/DC,  Thunderstruck,  y se me ponen los pelos de punta, te da un subidón de adrenalina y lo que quieres es empezar a correr. Primero salen los de BTT, que son la gran mayoría, y 21 minutos después vamos los del Maratón.

Era impresionante ver cómo la gente del pueblo te animaba durante el recorrido, sobre todo en la salida del pueblo. Nos dirigimos por la carretera en dirección a nuestro siguiente destino, el pueblo cercano de Carrejo. Salimos de la carretera y entramos en una pista de montaña más estrecha y que comenzaba en un ligero ascenso para empezar a endurecerse, se acabó el correr y empiezo a andar rápido aunque no quiero cansarme, todavía acabamos de empezar y no tengo experiencia en carreras de montaña.

Fuente: paisajespararespirar

La subida se hace bastante dura, pero todavía queda lo peor: la bajada del cortafuegos. Famoso por su gran dureza y por lo que se iban a cargar las piernas. Aquí había gente de la organización y de la guardia civil que recomendaban tomar medidas de precaución para iniciar el duro descenso, la verdad que era bastante duro.  El descenso impresiona bastante y voy sin bastones (gran error), así que a bajar con muucha precaución, que no merece la pena lesionarse por ganar unos minutos. Esta es una de las zonas más espectaculares del recorrido, aunque también de las más peligrosas.  Cuando ya parecía que había finalizado el descenso, nos encontramos otro nuevo descenso, pero menos pronunciado.

Las piernas se resienten, están muy cargadas por el esfuerzo, sé que al final lo voy a pagar aunque estire mucho. Abajo había un servicio médico para atender a los que hubiesen sufrido alguna caída y en este punto ya entrábamos en una pista más cómoda que se dirigía hacia el pueblo de Ruente.  Una vez en el pueblo, pasando el puente aparece el primer avituallamiento de líquidos, así que aprovecho para tomar un vaso de agua antes de comenzar a ascender de nuevo.

Era un ascenso bastante largo pero no de mucha pendiente y era el tramo más sencillo de todo el recorrido, así podíamos ir recuperando fuerzas para todo el camino que nos quedaba. Entramos en el bosque de Ucieda, donde el camino era muy estrecho y justo al lado del sendero había una alambrada de espinos. En este recorrido nos encontramos una pequeña dificultad que consistía en una pendiente bastante pronunciada pero de pequeña longitud que hizo que alguno rodase por el suelo. Después de un buen rato por este bosquecillo ya llegábamos a la campa de Ucieda, primer punto de avituallamiento de sólidos y líquidos, con una carpa donde podías rellenar la camelback, tomar coca cola y aquarius, coger pastelitos, fruta, bocadillos de jamón, ¡¡y de nocilla!! (algo impensable en los maratones de asfalto). Ahí paré un buen rato, tenía bastante hambre y sed y necesitaba un baño. Además, tampoco tenía en mente hacer tiempo, así que me lo tomé con calma. Luego retomar la marcha se hizo costoso, pero gracias a que me enganché a un pequeño grupillo que tiraron de mi casi hasta el final.

Después de pasar una zona boscosa con algunos claros llegamos a un prado, era el comienzo de Braña Zarza, tramo que se hizo durísimo, sobre todo por la acumulación de km que ya llevábamos. Cuando ya parecía que habíamos realizado todo el esfuerzo para subir, pudimos comprobar cómo esto no había sido nada comparado con lo que nos quedaba. Desde aquí se veía el alto del Toral y se podía apreciar una serpiente de color de los diversos participantes que ya estaban ascendiendo a esta cima. Así que empezamos a crestear en dirección al Toral (899 m.), subiendo y bajando pequeñas cimas pero que no tenían nada que ver con la dura subida que nos esperaba.

 

Fuente: naturmendi

 No sé si fueron los geles, o las ganas que tenía de acabar, pero no me resultó tan duro como lo fue Braña Zarza, andando a buen ritmo y mirando al suelo, fue poco a poco ascendiendo a la que sería al fin la última subida. Arriba nos esperaban lugareños cargados con botellas de agua, que no paraban de animarnos, ayuda vital, ya que el último avituallamiento estaba aún a dos o tres kms.

Aquí no había ni  fruta, ni pastelitos, sino que nos encontramos agua, kalimotxo y ¡¡huevos fritos con salchichas!! de lo más surrealista que había visto en una carrera. Era el km 38, todavía quedaban 12 y no sabía si eso era lo más óptimo, pero me sentó de perlas. Ya sólo quedaba disfrutar de la cuesta abajo y afrontar el final. Me encontraba con fuerzas, y el terreno era una especie de pista forestal que invitaba a dejarse caer, cosa que muchos corredores de montaña detestan, pero que a mi me vino genial.

Pasamos por un pueblo  que queda antes de Cabezón de la Sal, Mazcuerras creo que se llama, donde nos encontramos a mucha gente que nos animaba en el último tramo. Atravesamos un arroyo, para lo cual algunos pasamos por un puente, y luego una especie de parque que se encuentra junto al río Saja, y continuamos callejeando por las carreteras secundarias del pueblo, hasta que encontramos la salida a la carretera general. El final se acerca, me cruzo con algunos que hacen la ruta a pie y otros que vienen de la BTT, la gente te daba ánimos para llegar, era impresionante. Aprieto los dientes y enfilo la curva de la iglesia, esto está hecho; hago un pequeño sprint, suena mi nombre por megafonía y levanto los brazos para cruzar la meta. ¡¡Lo he conseguido!! ¡¡he sobrevivido al infierno cántabro!! me siento llena de alegría, como si fuese una rock and roll star

 

 

Menuda manera de debutar en el mundo del trail, no se puede pedir más, ahora a estirar, comer un plato de pasta y reponer líquidos mientras espero a mis amigos, que están en la durísima prueba de BTT y a celebrarlo juntos. Esta noche cenamos y nos vamos rendidos a la cama, al día siguiente mis patitas son de palo, me duele el más mínimo movimiento debido al sobreesfuerzo en la bajada a Ruente, pero esto no impide que aproveche el día para visitar de nuevo Santillana del Mar y Comillas. Un fin de semana de lo más movido, eso no se puede negar 😉

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