plaza españa sevilla

Como ya apuntaban Los del Río allá por el 2001, Sevilla tiene un color y un olor especial. Y además de ello, la maratón más plana de Europa. Esto supone un factor determinante para una corredora popular con poca experiencia como yo, y no nos engañemos, a nadie le gusta sufrir más de lo necesario, que ya bastante dura es de por sí como para ponerse a subir cuestas y rampas que te destrozan las piernas.

El recorrido pasa por muchos puntos emblemáticos, lo que te ayuda a hacerte una pequeña idea de la ciudad mientras vas avanzando km a km. Saliendo del Estadio Olímpico, hacia el km 5 cruzaremos el puente de San Telmo y llegaremos a la altura de la Torre del Oro y la plaza de la Maestranza, corriendo en paralelo al Guadalquivir hasta casi el km 10. Luego vienen la estación de Santa Justa, la Basílica de la Macarena y en el 31 o 32 pasamos por delante del estadio del Betis, el Benito Villamarín, y empieza a aparecer el temido muro

La parte más bonita empieza aquí, al mismo tiempo que mis piernas deciden protestar y me impiden disfrutar de la belleza del paisaje. Hacia el km 35 entramos en los Jardines de las Delicias, el Parque de María Luisa y la preciosa Plaza de España. Aprieto los dientes como puedo y paso por la zona de la Giralda, hay muchísimo ambiente y la gente te anima sin parar, lo cual te ayuda a no pensar en los achaques y a tirar para delante.

Fuente: elrincondebeirut

Km 40, el Puente de la Barqueta, ya sólo quedan 2 kms que se hacen interminables. Atravesamos las instalaciones de Isla Mágica y llegamos a las inmediaciones del Estadio de la Cartuja, donde entramos para dar una vuelta y hacer los 200 últimos metros antes de la meta. El final es agónico, pero consigo sacar un poquito de dignidad y hacer un mini sprint para acabar. Me ha costado muchísimo, el cuerpo se resentía desde hacía 10 kms y tenía pinchazos y dolores por todos lados, juré y perjuré que era la última vez que corría un maratón… aunque todos sabemos que una vez que te pica el gusanillo estás perdido 😉

Volví andando al hotel con las piernas totalmente cargadas, como si fuesen de madera, lo justo para darme una merecida ducha y cambiarme para ir a comer algo. Como no tenía muchas ganas de moverme, nos acercamos a la plaza de la Alfalfa, cerquita del alojamiento, y picoteamos algo en El Alambique, un sitio para tapear muy recomendable, especialmente el salmorejo y el rollito de solomillo con foie, setas y salsa carbonara.

Fuente: frdotor

Por la tarde paseamos por la zona del río, ya que nos encontramos relativamente cerca de la Torre del Oro, la Giralda y el Alcázar. Como estamos en febrero, el tiempo es fresco y agradable para dar una vuelta y contagiarse del ambiente que se respira en la calle. Tengo que admitir, que tenía ciertos prejuicios hacia esta ciudad que se han disipado totalmente, convirtiéndome en una enamorada de sus calles con aroma a azahar y del murmullo de su gente. Ya de noche nos acercamos a la zona del Arenal para cenar. Nos tomamos una pringá en «Las Columnas» (Bodega Santa Cruz), un piripi en Antonio Romero y unas raciones en el bar Postiguillo.

Fuente: elpaisquenuncaseacaba

Al día siguiente, ya algo más descansados, nos acercamos al barrio de Triana. Uno de sus lugares más emblemáticos es la Plaza del Altozano, donde podemos ver la Capilla del Carmen, la escultura del torero Juan Belmonte y su famosísimo Mercado de Abastos. Se trata del lugar idóneo si lo que se pretende es encontrar el verdadero ambiente del barrio.

Fuente: cadena ser

Desde  esta plaza  hacia el puente de San Telmo parte la calle Betis, que bordea el río y es ideal para pasear y contemplar la Sevilla monumental. Era una antigua zona de embarcaderos y hoy es eminentemente turística, con numerosos bares y restaurantes de calidad, muchos de ellos con atractivas terrazas con vistas.

En el corazón del barrio se encuentra la Calle Pureza, donde está la parroquia de Santa Ana y la capilla de los Marineros, del siglo XVIII, sede de la hermandad de la Esperanza de Triana, una de las imágenes más queridas de la ciudad que sale en la madrugá. La Calle San Jacinto es peatonal, y en ella podemos visitar la capilla de la Virgen de la Estrella, desde donde sale esta popular hermandad del Domingo de Ramos, y la Iglesia de San Jacinto, gran templo adosado al convento de los Dominicos. Esta calle termina en el populoso barrio del Tardón, lugar de nacimiento de Isabel Pantoja.

Fuente: sevillaciudad

Después de pasar un agradable fin de semana en Sevilla toca carretera y manta, pero estoy segura de que volveré, me debe una revancha!!

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