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Portugal para mí es esa gran desconocida; despreciada por estar «ahí al lado», tiene un montón de lugares y ciudades con encanto que bien merecen una visita como esta que nos ocupa ahora: Oporto. Si venís desde España, en un fin de semana largo os dará tiempo a recorrer sus preciosas y empinadas calles a muy buen precio.

En primer lugar os dejaré unos datos básicos a tener en cuenta antes de viajar allí, que, aunque probablemente si sois españoles os los sabréis todos, pero nunca está demás recordar:

  • Alojamiento: un hotel de calidad media puede llegar a costar 15 o 20 euros por persona. A nosotras nos encantó el hotel Residencial Monte Carlo, que a pesar de por fuera pueda parecer algo descuidado, sus habitaciones son cómodas y limpias. Además, la ubicación es ideal, a escasos cinco minutos del centro andando (y a 250m del metro 24 de Agosto, desde donde se llega a la estación principal de tren Campanhã, que nos deja en el aeropuerto en 10 minutos.)
  • Idioma: el idioma oficial es el portugués, aunque no tendréis problemas ya que muchos entienden y hablan español e inglés.
  • Moneda: euro €. Podéis hacer la conversión a vuestra moneda aquí.
  • Cómo llegar: El Aeropuerto de Oporto Francisco Sa Carneiro está situado 13 kilómetros al norte de la ciudad, en la localidad de Maia. La forma más económica de desplazarse desde el aeropuerto hasta la ciudad es usando el metro. En 20 o 30 minutos llegaréis hasta el centro de la ciudad tomando la línea violeta (E). El precio por trayecto es de 1,85€. Otra opción es tomar el autobús. Las líneas 601, 602 y 604 hacen la conexión entre el aeropuerto y diversas zonas del centro de la ciudad, pero es más lento e igual de caro que el metro.
  • Huso horario: Oporto se sitúa en la misma franja horaria que Reino Unido o las Islas Canarias (UTC / GMT: 0), con lo cual si venís desde España, tendréis que atrasar vuestro reloj una hora.
  • Enchufes: el voltaje común es 230 V y las clavijas y enchufes son del tipo F o C.
  • Porto Card: si tenéis pensado ir a algún museo y moveros en transporte público, la mejor opción es adquirir la Porto Card, que incluye entrada gratuita al Museo Arqueológico, la Casa Museo Guerra Junqueiro o el Museo Romántico e importantes descuentos para la Torre de los Clérigos, la Fundación Serralves o el Museo Militar. Además, dispondréis de transporte ilimitado de metro y autobús. Su precio es de 20 € para 2 días y 25 € para 3 días.

La mejor manera de conocer la ciudad es a pie y dejándose perder por sus calles. No es tarea fácil, ya que suelen ser de pavimento irregular y con bastantes cuestas, pero merece la pena hacer un pequeño esfuerzo.

Día 1

Tomaremos el centro como punto de partida, empezando por la Avenida de los Aliados, una calle repleta de edificios modernistas entre los que se incluye el Ayuntamiento, gran construcción en mármol y granito. Muy cerca se encuentra la Plaza de la Libertad, la más importante de Oporto.

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Fuente: lilivanili

En su centro veréis una estatua ecuestre del Rey Pedro IV y también el McDonald’s más bonito que he visto en mi vida, aunque sé que suena extraño, pero juzgad por vosotros mismos:

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Continuamos hasta la estación de trenes São Bento, una de las más llamativas de la ciudad y de Portugal entero. Fue construida sobre los restos del antiguo convento de São Bento del Ave María y aún conserva un aire antiguo y señorial. En su interior encontramos un impresionante hall decorado con más de 20.000 azulejos en los que se retrata la historia de Portugal.

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Luego nos acercamos al Miradouro da Vitoria, donde podremos contemplar unas bonitas vistas de la ciudad, para acto seguido bajar hacia la zona de Ribeira para pasear y disfrutar de unos platos típicos portugueses en una terraza con vistas al Duero, las bodegas y el Puente de Luis I.

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Después de comer nos vamos a visitar la Iglesia de los Clérigos, y luego subir a la torre, que es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

En la subida a la torre os encontraréis con 49 campanas que forman un gran carillón de concierto que os darán un buen susto si suenan a vuestro paso. Una vez arriba, todo el esfuerzo habrá valido la pena (tiene más de 200 escalones) porque podréis disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad.
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Fuente: Nelson Santos 

Una vez abajo, nos dirigimos hacia la Librería Lello e Irmão, considerada como la librería más bella de Europa. Situada en un edificio neogótico de 1906,  multitud de detalles antiguos consiguen un ambiente capaz de transportaros cien años atrás.

Sus enormes estanterías de madera llenas de libros llegan hasta el techo y una preciosa escalera de madera labrada reina en el centro del local, mientras, la vidriera del techo proyecta luz natural dando vida a este escenario sin igual.

Tanta es la magia que envuelve a esta librería que ha sido utilizada como escenario para rodar algunas películas de Harry Potter. Está prohibido sacar fotos, pero encontraréis un montón de ellas en internet que os trasladarán a su increíble interior.

A partir de julio de 2015 la entrada en la librería tiene un costo de 4 euros, que se descuentan en el caso de la compra de un libro. Esta tasa sirve para contar el número de turistas, (que son más de tres mil al día) y para las posibles obras de restauración que haya que hacer en un futuro debido al desgaste por tanto trasiego de gente.

A la salida de la librería tomamos la rúa das Carmelitas hasta la rúa do Carmo, donde llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora do Carmo. Desde ahí partiremos hasta llegar a la rúa da Bolsa.

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Allí se encuentra el edificio del Palacio de la Bolsasede de la Asociación Comercial de Oporto. Fue construido sobre las ruinas del convento de los franciscanos que se destruyó en un incendio. Es un edificio Neoclásico, calificado como Monumento Nacional, con un precioso patio central cubierto por una estructura de vidrio que deja entrar una gran cantidad de luz en el palacio.

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Al doblar la esquina está la Iglesia de San Francisco donde podéis ver su recargado interior y sus catacumbas. Y si todavía tenéis fuerzas, os recomiendo que os acerquéis a la Catedral de la Sé, situada en el barrio de Batalha, junto a las murallas que tiempo atrás protegieron la ciudad.

Su interior es sobrio y las paredes están desnudas, a excepción del altar mayor y algunas capillas de estilo barroco.  El claustro pertenece al s. XIV y está decorado con azulejos que reflejan escenas religiosas. Desde ahí podréis acceder también a la Casa do Cabildo, donde se expone el «tesoro de la catedral», una colección de objetos de orfebrería religiosa.

Como curiosidad, en el centro de la plaza de la Catedral veréis una columna que era utilizada para colgar a los criminales. Al estar situada en la parte alta de la ciudad, desde aquí podréis disfrutar de unas vistas privilegiadas de la ciudad, del río Douro (Duero) y de las bodegas que se encuentran a su vera.

A esta hora ya estaréis muertos de cansancio y pensando dónde cenar. Nosotras en este caso optamos por probar la gastronomía local en un bar de la calle Passos Manuel, cerca del Café Majestic, un elegante café de los años 20 donde tomar algo y disfrutar de su ambiente histórico.

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Un plato típico que no podéis dejar de probar es la francesinha, un sandwich que tiene ternera, fiambre y en ocasiones huevo y está cubierto por una salsa hecha por cerveza y tomate, vamos, ligerito para irse a dormir… pero merece la pena por su sabor.

Si esto no os atrae, podréis disfrutar de platos de pescado como el bacalao, la dorada, el salmón o las sardinas, que normalmente sirven por un módico precio entre los 6 y los 7 euros.

Día 2

Hoy aprovechamos para combatir el calor estival dándonos un chapuzón en la cercana playa de Matosinhos, donde se llega fácilmente en metro. Tomando la línea azul, la parada de la playa es la de Matosinhos Sul, desde la salida del metro hay un paseo de unos 5 minutos hasta llegar a la playa. El billete sencillo cuesta 1,50€ (3,00€ el de ida y vuelta).

También se puede llegar cogiendo un autobús de la ruta 500, que sale de la Praça da Liberdade y sigue bordeando la costa hasta llegar a Matosinhos. Hay salidas cada 15 minutos durante la semana y cada 20-30 minutos durante los fines de semana. Para llegar a la playa deberéis comprar un billete de autobús de la zona 3.

Está rodeada por el puerto pesquero y de contenedores por la parte norte, así que bonita no es. La poca distancia a la que se encuentra el puerto quiere decir que la calidad del agua no llega a ser la de una playa con bandera azul, pero es bastante aceptable para nadar e incluso para hacer surf.

En sus inmediaciones hay un montón de restaurantes que ofrecen sobre todo marisco y pescado fresco a precios razonables.

Después de refrescarnos, volvemos al centro de la ciudad, concretamente a dar una vuelta por la rua Santa Catarina, una de las principales calles comerciales de Oporto.

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Bajando por la rua de Fernandes Tomás veréis el Mercado do Bolhão, un lugar nostálgico donde parece que se ha detenido el tiempo. Allí se vende carne, pescado, fruta, flores y muchos otros productos desde 1914, y aunque es muy posible que no compréis nada, merece la pena visitarlo y dejarse llevar por su ambiente nostálgico.

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Fuente: José Manuel Rodríguez  Carnota

El mercado tiene varias plantas en las que los comercios se distribuyen en torno a un gran patio central. Aunque tenga un aspecto de dejadez absoluta es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y donde se puede ver el auténtico día a día de la ciudad y sus habitantes lejos de los tópicos.

Muy cerca de allí hay un mercadillo muy bonito los segundos y últimos sábados de cada mes: el Mercadillo de los Clérigos, junto a la torre de mismo nombre. Aquí podremos encontrar un montón de objetos de artesanía típicas del lugar como vestidos, colgantes, carteras o anillos.

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Luego bajaremos hasta la zona de la ribeira hay un montón de puestecillos donde venden las excursiones en barco por el Duero (que normalmente suelen regalar la entrada a algunas bodegas) por unos 10 euros. Lo único que aportan es la vista de la ciudad desde otro punto de vista y el conocer también los otros cinco puentes de la ciudad (el más importante es el puente Luis I, que separa Oporto de Vila Nova da Gaia).

Sinceramente, creo que es prescindible, ya que apenas dicen nada acerca de la historia de los puentes, no aporta nada interesante. Sólo lo recomendaría en caso de estar muy cansado y querer desconectar un poco, en caso contrario, os podéis montar la visita a las bodegas por vuestra cuenta y gastar ese dinero en una botella de vino o algún recuerdo, que seguro que es más provechoso.

Aprovechamos para disfrutar las vistas desde los Jardines del Morro, desde donde se ve toda la ciudad, no sin antes sufrir sus cuestas, pero merece la pena. Y después de esas maravillosas estampas de la ciudad, nos merecemos una recompensa en forma de copa.

En Vila Nova da Gaia hay montones de bodegas de vino de Oporto. En cada una de ellas un guía os acompañará a lo largo de las instalaciones de la bodega explicando dónde hacen la vendimia y el proceso de elaboración de sus vinos.

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Al final de la visita, en cada bodega os ofrecerán dos copas de vino para su degustación: una copa de vino tinto y otra de vino blanco, incluidas con la visita en barco. Las bodegas más recomendables para nosotros son Ferreira, Sandeman y, por su museo, Ramos Pinto.

Yo no entiendo nada de vinos, es más, no me acaba de gustar su sabor, aunque en caso del vino de Oporto es distinto, ya que es dulce, perfecto para los «profanos». La diferencia fundamental con el resto de los vinos, es el aguardiente que le añaden para interrumpir la fermentación. De esta forma se conserva la dulzura original de las uvas conservando un alto nivel de alcohol. Esta idea surgió en el s. XVII, cuando las barricas tenían que hacer largos viajes en barco, ya que de este modo no se estropeaban.

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Y después de un intenso día, nos quedamos por la zona de Ribeira para pasear y cenar algo. Encontraréis decenas de restaurantes con terrazas en las que podréis disfrutar de la gastronomía local con vistas al Puente de Luis I y a Vila Nova da Gaia con sus bodegas iluminadas. Nos gustó especialmente la calle Fonte Taurina, llena de restaurantes y bares donde cenar y tomar algo en un ambiente genial.

Día 3

Como veis, 2 días dan para mucho, así que el último lo aprovechamos para callejear de nuevo por el centro y relajarnos antes de volver. Nos acercamos hasta el curioso edificio de la Casa da Música, del arquitecto Rem Koolhaas. Hoy en día este edificio de peculiar forma exterior se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad.

Está ubicada en el centro del barrio Boavista, junto a la Plaza Mouzinho Albuquerque, llena de jardines y rincones en los que descansar.

En el centro de la plaza, una columna de 45 metros de altura atrae todas las miradas. Es el monumento a la Guerra Peninsular, que representa a un león (que simboliza a Inglaterra) sobre un águila (símbolo del imperio de Napoleón) rodeado de soldados con caballos. Conmemora la victoria de la alianza británico-portuguesa sobre las tropas napoleónicas.

La Plaza Infante D. Henrique alberga al Palacio de la Bolsa y la estatua del propio Infante. y en sus inmediaciones se hallan las iglesias de San Nicolás y San Francisco de Asís.

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Aprovechamos también para hacer las compras de última hora y quedarnos con ganas de más, de volver a esta ciudad que nos ha conquistado con su comida, su vino, su colorido y la amabilidad de su gente.

  1. Estuvimos en 2011, pero en diciembre volveremos con la peque. Veo que hay cosas que cambiaron, no sabia que ahora cobraban por entrar en la librería Lello e Irmão, aunque es interesante que te hagan el descuento si compras un libro. Por otra parte lo que no cambio es la francesinha, estoy deseando incarle el diente. Tenemos pensado dejar un día para hacer una visita a alguna ciudad cercana. ¿Recomiendas alguna? Gracias y saludos 🙂

  2. Hola!! Oporto siempre es una buena opción, tanto cultural como gastronómica, seguro que la peque lo va a pasar genial. Lo de la librería imagino que al final como ha aumentado considerablemente el número de visitantes, también lo hace el desgaste, pero bueno, creo que en este caso merece la pena soltar unos eurillos para poder disfrutar de este maravilloso interior.

    Como recomendación de ciudades cercanas, me han hablado maravillas de Aveiro, una especie de Venecia a la portuguesa. Yo todavía no he podido ir, pero por lo que he visto es espectacular, si os animáis ya me contaréis 😉

    Un saludo!!

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