makarska
Si me dicen hace algunos años que acabaría visitando Croacia no me lo creería… ha sido todo un descubrimiento: playas con aguas cristalinas, pueblos construidos con rocas y techos naranjas, ciudadelas sacadas de series medievales, parques naturales preciosos…

Llegamos a mediodía al aeropuerto de Dubrovnik y recogemos el coche de alquiler que previamente habíamos reservado por internet. Paramos a comer en una pizzería que se llama Giusto en Zaton y a pesar de que no tenía una pinta espectacular, la comida estaba de lo más rica. Nos dirigimos por la península de Peljesac para hacer noche en Korčula, parando en varias playas a remojarnos un poco, nos gustó la de Prapratno.

En Orebić hacemos un alto en el camino, ya que allí tenemos que tomar el ferry que nos llevará a nuestro destino final. Es una ciudad situada al pie del monte Sveti Ilija, con unas vistas increíbles sobre el litoral y las islas de alrededor. El centro es agradable, con algunas calles antiguas y un bonito monasterio. Montamos en el barco, (podéis consultar los precios y horarios aquí) que en una media hora nos deja ya en la ciudad natal de Marco Polo.

Ya es de noche y nos dirigimos hacia nuestro alojamiento, el cual apenas estaba apenas señalizado y nos costó encontrar. Como apunte, hay que señalar que la mayoría de los apartamentos que se anuncian son casas particulares de gente, generalmente de dos plantas, donde ellos viven en el bajo y luego alquilan la parte de arriba por habitaciones. Nos pasó en casi todos los que reservamos; que no quiero decir con esto que sea malo, pero creo que hay que tenerlo en cuenta a la hora de llegar tarde de noche y montar jaleo, por si acaso.

Día 2: Korčula

Korčula es una ciudad de indudable belleza. Se accede a través de la Puerta de Tierra a la que se llega subiendo por un tramo de escaleras. Está adornada con escudos de armas del dux de Venecia y de los gobernadores de la isla.

En el interior del recinto amurallado destacan sus numerosos edificios y calles de piedra, que le confieren un aspecto encantador, trasladando tu mente a varios siglos atrás. Los más importantes son el Palacio Episcopal (o Casa del Abad), frente a la Catedral dedicada a San Marcos y que alberga el museo del Tesoro de la Abadía. Y otras iglesias como la de Todos los Santos, San Miguel o de Nuestra Señora.
Se supone que aquí nació el famoso explorador Marco Polo, lo cual supone todo un reclamo turístico dándole nombre a numerosos alojamientos, bares y restaurantes. Se ha restaurado la casa en la que se supone que nació, y se ha creado un museo dedicado a su vida. Normalmente el ferry de Jadrolinija suele amarrar debajo de las murallas del casco antiguo en el muelle oriental. Si hay demasiado viento, atraca en el muelle occidental, delante de la oficina de turismo.

 

Korčula es el mejor punto de partida para salir a pasar el día a Lumbarda, el islote de Badija y la isla de Mljet. Después de recorrer toda la ciudad, emprendemos rumbo a las playas de Lumbarda: Bilin žal y Vela Pržina. 

La primera es una playa de arena de las más conocidas de la isla, en verano se llena tanto de turistas como de lugareños. Constituye también un punto de parada para nadar o beber rápidamente de un día de viaje a las Islas Skoji. El acceso es a través de la estrecha carretera asfaltada que conduce desde el centro de Lumbarda hacia Raznjic. Desde la encrucijada, el camino conduce cuesta abajo a lo largo de viñedos hacia la costa.

El sol pega fuerte todo el día y no dispone de nada que de sombra, así que es recomendable llevar una sombrilla para evitar quemaduras e insolaciones. Hay un par de cafés y restaurantes cerca, así que te puedes llevar algo de comida y refresco para estar en la playa.

Vela Pržina se encuentra en una gran bahía, y ofrece espectaculares vistas al mar hasta la isla de Lastovo. Es muy popular y se llena mucho en verano, así que si te gustan las playas de arena tendrás que ir pronto para pillar un buen sitio. Dispone de parking de pago (~ 1,5 euros / día).

Tras un chapuzón y una parada para picotear algo, nos encaminamos a la playa de Pupnatska Luka, de la que tan bien habíamos oído hablar.

 

pupnatska luka

 

Para llegar hay que bajar por una carretera serpenteante un poco estrecha y apenas hay sitio para aparcar, están los típicos señores que te ofrecen aparcamiento privado por 2 o 3 euros, pero nosotros somos un poco tacaños y decidimos seguir adelante hasta encontrar un hueco donde dejarlo sin pagar ni un céntimo. Desde donde dejamos el coche tenemos que bajar un montón de escaleras hasta llegar a la playa (lo que significa que a la vuelta toca una buena subida…)

Como la mayoría de las playas de Croacia, es de piedras, por lo que unos escarpines o unas cangrejeras son básicas para bañarse y caminar, si no acabas con los pies molidos. Hay un par de chiringuitos donde comer o tomar algo que tienen buena pinta, aunque nosotros llevamos bocadillos. Hay muchas hamacas de alquiler en la playa, ya que poner las toallas sobre las piedras hace muy incómodo el tumbarse.  El agua es cristalina y está rodeada de bosques, lo que hace de ella un paisaje idílico donde relajarse.

Día 3: Korčula – Ploče – Makarska

Volvemos a Orebić , y continuamos por la península de Peljesac hasta Trapanj, donde tomamos el ferry hasta Ploče, y de ahí seguiremos por la costa hasta llegar a Makarska. De este modo nos ahorramos esos pocos kms que cruzan por territorio bosnio, y su consiguiente pago de tasas por atravesar la frontera.

 

 Makarska es un pueblo con encanto rodeado por imponentes montañas y con un bonito paseo marítimo lleno de terrazas de restaurantes, cafés y tiendas que asoman al pequeño puerto en el que están amarradas las embarcaciones de recreo. Junto a la playa (de piedras) hay varios hoteles y un camping. Desde allí salen un montón de excursiones a otros lugares, una de las más populares la excursión en Ferry a la isla de Brac, cuyo principal pueblo es Supetar, y una de sus principales atracciones es la playa de Bol, hay un autobús que recorre la isla de norte a sur y viceversa, dura aproximadamente una hora. Tiene conexión regular por ferry con Split.
Pero además del turismo de sol y playa, también es un lugar elegido por los amantes de la montaña, ya que una de las rutas de senderismo más bellas es la que accede a las cumbres de Biokovo, repleto de especies de plantas endémicas, donde conviven los muflones y gamos.
En el casco histórico se encuentra el Convento Franciscano de la Santa Cruz, con un claustro gótico del s. XV, que además alberga un pequeño museo que expone una curiosa colección de conchas. En la Plaza Mayor encontraremos la Catedral de San Marcos (s. XVII) y una Fuente Veneciana del s. XVIII. Otros puntos destacables son la Iglesia de San Felipe (s. XVIII), la  Iglesia de San Pedro (s. XIII, situada en la península del mismo nombre, en cuyos alrededores se encuentra una playa nudista), el Palacio Ivanisevic, de estilo barroco, y la Villa Tonolli, que alberga el Museo de la Ciudad.

Día 4: Makarska – Trogir – Split

Después de disfrutar de un agradable día, partimos rumbo a Trogir, pasando por pueblos tan pintorescos como Omiš, situado a unos 24 km al sur de Split. Fue tierra de piratas, corsarios y bucaneros atraídos por las tranquilas y transparentes aguas del Adriático, y por ser un punto estratégico para controlar en comercio. Existen multitud de elementos culturales e históricos: iglesias que datan de entre el siglo X y el siglo XVIII, monumentos, fortalezas y museos.

En la actualidad, es un paraíso para los amantes de los deportes de aventura. Especialmente conocido es el rafting por el río Cetina, el recorrido es realmente impresionante entre enormes paredes rocosas. Además, posee una amplia oferta deportiva: escalada libre, parapente, buceo, vela, voley playa y tenis. Decidimos pasar de largo Split para visitarlo más tarde, ya que está a tan sólo media hora de nuestro destino final.

Trogir es una ciudad pequeña pero con mucho encanto, no en vano su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad. Éste está rodeado por una muralla que encierra edificios románicos y renacentistas como la Catedral de San Lorenzo (donde destaca su preciosa puerta románica del s. XIII, profusamente decorada con escenas bíblicas) o el Palacio Cípiko. En la misma plaza donde se encuentra la catedral, y justo enfrente de ella se encuentra la Logia y Torre del Reloj, del s.XIV y estilo veneciano se usaba para juzgar y humillar a los delincuentes. Reseñables también el Baptisterio, y la capilla de San Juan, auténticas joyas del Renacimiento. La subida a la torre campanario ofrece unas espectaculares vistas de la ciudad, desde donde se puede apreciar perfectamente la orografía de la ciudad.

Al otro lado de la muralla está el paseo marítimo o Riva, un lugar ideal para pasear, comer o tomar algo en verano, ya que hay un montón de terracitas, cafés y restaurantes. Allí se pueden admirar los barcos atracados, que ofrecen excursiones por la zona, y algunos edificios interesantes como el Convento de San Nicolás, que posee en su interior una interesante colección de arte, el Castillo de Kamerlengo, fortaleza del s.XV construida para proteger el flanco occidental de la ciudad o el Cenador de Marmont, del periodo napoleónico.

 

Por la noche nos acercamos a la increíble ciudad romana de Split, el gran descubrimiento del viaje. Dejamos el coche como a unos diez minutos andando (es bastante complicado el tema de aparcar en esta ciudad) y tomamos rumbo a la muralla del Palacio Diocleciano, anticipo de lo que nos esperaba al cruzar la  Puerta de Oro, que nos transportaría mentalmente a un lugar anclado en el tiempo.

PalaciodeDiocleciano

Fuente: vignette.wikia.nocookie.net

Frente a ella se encuentra la enorme estatua de bronce de Grgur Ninski (obispo croata del s.X famoso porque consiguió que se usara el idioma croata en las celebraciones eclesiásticas), cuyo pie izquierdo está brillantemente bruñido ya que cuenta la tradición que tocarlo trae suerte.

Existen otras 3 puertas más:

  • Puerta de Hierro: frente a la cual se abre un patio donde en la Edad Media se celebraban juicios y actas. En la iglesia contigua se alza el campanario más antiguo de la costa adriática.
  • Puerta de Plata: de aspecto similar a la Puerta de Oro, fue golpeada por los bombardeos de la IIGM y restaurada posteriormente. Si la cruzas por las mañanas llegarás al mercado central de la ciudad.
  • Puerta de Latón: el emperador solía pasar por ella para acceder a sus embarcaciones. Hoy en día es el nexo entre el Palacio y el paseo marítimo.

Vamos recorriendo las estrechas y empedradas calles, asombrándonos casi de cada esquina, edificio o café hasta llegar al Peristilo, impresionante plaza de columnas, antesala a las estancias de Diocleciano y que conforma el corazón del palacio. A los pies de sus columnas disfrutamos de música en directo sentados en sus escalones junto a miles de turistas, aunque no por ello el ambiente dejó de ser especial.

Después de un rato, seguimos caminando hasta llegar a la Catedral de San Domnio, antiguo mausoleo de Diocleciano. En su puerta se puede ver una esfinge auténtica traída de Egipto y si miramos hacia arriba veremos el campanario, del cual se dice que si todavía eres capaz de subir sus escalones, no se te debe considerar un viejo. (Aunque no quisimos tentar a la suerte y nos quedamos abajo, disfrutando de las vistas de los alrededores).

Como curiosidad, al lado del templo de Júpiter está la calle “pusti me proci”, cuya traducción literal es “déjame pasar”. Es la calle más estrecha de Split y por la que no caben dos personas a la vez.

Fuente: diariodelviajero

Al otro lado de la muralla está la Riva (paseo marítimo). Lo cierto es que se agradece dejar a un lado el barullo y el gentío del palacio para relajarse sentados en un banco del paseo mirando al mar y el ir y venir de los barcos en el puerto. A través de ella se accede a la Plaza de la República o Plaza Prokurative. Tiene un estilo parecido a la plaza San Marco, porque el arquitecto veneciano a quien le encargaron la construcción hizo una reproducción, la fachada, las columnas… Aunque no terminó el trabajo, es una especie de homenaje a su ciudad, Venecia.

Día 5:  Trogir – Krka National Park

Por la mañana nos dedicamos a pasear tranquilamente por las calles del casco histórico de Trogir, desayunamos, cambiamos algo de dinero y nos dirigimos a uno de los espacios naturales más bonitos de Croacia, el Parque Nacional de Krka. Para acceder debemos hacerlo desde la localidad de Skradin, dejamos el coche en el parking y compramos las entradas de acceso al parque en la Oficina de Turismo. 
Tomamos un autobús gratuito que nos deja cerca de las impresionantes cascadas, aunque en realidad todo el conjunto de agua y vegetación que allí se juntan resulta increíble. Hay un sendero que transcurre entre árboles que nos adentra en el parque y deja entrever lo que más adelante disfrutaremos. Las aguas son de un color fascinante, entre azul turquesa y verde esmeralda, y por supuesto totalmente transparentes. Las cataratas del Krka forman un parque natural algo similar al de los Lagos de Plitvice, también en Croacia. A pesar de la fama de Plitvice, éste no tiene nada que envidiarle a su vecino.
La zona del parque donde se encuentran las cataratas más famosas se conoce en croata como Skradinski Buk(en inglés, Krka Waterfalls).  El baño está permitido en una zona delimitada con boyas, pero deberéis llevar cangrejeras o escarpines, ya que el fondo está compuesto de enormes piedras bastante resbaladizas.Las mejores vistas están en una pasarela que se sitúa muy cerca de ellas.
Después del chapuzón continuamos andando, donde nos encontramos unas pequeñas casitas en las que recrean cómo vivían en la zona los antiguos pobladores, veremos como trabajan el hierro o como tejían las ropas y trajes típicos. Volvemos al lugar donde nos dejó el autobús para volver al parking y coger el coche en dirección a Roski Slap o Cascada de Rog, donde se encuentran otras cascadas más pequeñas, pero no por ello menos espectaculares.

El cañón se va extendiendo adquiriendo forma de embudo en el lugar donde las aguas del río Krka caen sobre el lago de Visovac. Sobre él se encuentra un islote que alberga el Monasterio Franciscano de Nuestra Señora de la Misericordia y la Iglesia de Nuestra Señora de Visovac del s. XV. El monasterio posee un importante valor cultural por la cantidad de libros y manuscritos, por su colección arqueológica, colección de vestimenta religiosa y vajillas antiguas. Se organizan visitas en barco desde Skradinski Buk, Stinice y Remetic. Las excursiones incluyen la visita del islote, el monasterio, iglesia y museo.

En resumen, una visita al Parque Nacional del Krka es algo único para disfrutar durante una visita a Croacia que os recomiendo sin dudarlo.

Día 6:  Hvar – Sucuraj

Tomamos el ferry a isla Hvar (Stari Grad) por la mañana y recorreremos la isla para hacer noche en Sucuraj, punto estratégico para coger el ferry al día siguiente. Es una isla que comparan con Ibiza o Capri por su ambiente chic y aguas cristalinas. Destacan la Catedral de San Esteban, el Teatro Barroco y el Convento de los Franciscanos.

Fuente: apuntesdeviajes

En la parte más elevada de la ciudad se encuentra la llamada Fortaleza Española, desde donde obtendremos la mejor vista sobre la ciudad y del puerto, así como del espectacular archipiélago de Pakleni, un conjunto de 20 pequeñas islas conocidas como las diabólicas o las islas del Infierno. La mejor manera de recorrerlas es alquilando una pequeña embarcación o contratando una de las excursiones que ofrecen en el puerto.

Fuente: kimkim

Pasamos el día allí y después nos dirigimos hacia Sucuraj, (léase súchuraj) parando de camino en la playa de Mlaska, muy tranquila y con un color de agua increíble, algo que es habitual en esos parajes. Llegamos casi de noche a nuestro alojamiento, ya que en este pequeño pueblo no hay nada mucho que ver o hacer salvo dar paseos por el puerto y poco más, es más bien un sitio de paso para tomar el ferry que nos devolverá a tierra firme.

Día 7:  Sucuraj – Mljet

Madrugamos para poder estar en primera línea a la hora de tomar el ferry que nos lleva a Dvrenik, ya que se forman unas colas impresionantes y no queremos quedarnos fuera a esperar al siguiente. Éste es el peor día en cuanto a transporte, ya que queremos evitar esa pequeña franja que es la frontera con Bosnia, y tendremos que tomar 3 ferries. De todos modos, las distancias en coche entre los pueblos es pequeña: 24,5km entre Dvrenik y Ploče y 51 km entre Trpanj y Praptatmo.
Para resumir: en el día de hoy nuestro cometido es llegar a Mljet (pronunciado miet), por lo que tomaremos los ferries de Sucuraj – Dvrenik, Ploče  Trapanj y Praptatno Sobra. 
Paramos a bañarnos en Saplunara, una de las pocas playas de arena que encontramos en Croacia, y como dato curioso decir que una de las temporadas del programa de televisión «Adán y Eva» se grabó aquí, ya que ciertamente es un paraíso. A poca distancia se encuentra Blace, también de arena y ambas protegidas por su riqueza medioambiental.

Día 7:  Sucuraj – Mljet

A unos 45 minutos de trayecto en ferry de Dubrovnik se encuentra el pequeño paraíso verde y azul llamado Mljet. Es una pequeña isla de apenas de 37 kilómetros de longitud y 3 km de anchura que emerge paralela a la costa de Dalmacia. Homero pensó que la isla de Mljet podía ser su hermosa Ogygia de La Odisea, y cuenta la leyenda que Ulises arribó a esta isla en la que fue hechizado por la diosa Calipso con la que pasó viviendo siete años entre manjares y comodidades. De hecho, en la localidad de Polje se esconde una fascinante gruta conocida como la Cueva de Ulises, llena de referencias y guiños mitológicos. Para acceder a ella hay que caminar por la penumbra de un túnel de unos 30 metros de largo. Se puede llegar a la cueva tanto desde la playa como desde la colina, esta última a través de un sendero bastante agradable que transcurre entre vegetación.
 

En toda la isla hay apenas un millar de habitantes repartidos en una decena de pequeños pueblos. El más visitado por los turistas es el de Polace, enclavado dentro de los límites del parque nacional y dotado de un palacio y una muralla aun imponentes pese a encontrarse en ruinas. Cerca de allí encontramos la localidad de Pomena, desde donde parten la mayor parte de las rutas que recorren el parque.

Para recorrer los senderos verdes del parque nacional mejor ir a pie, respetando siempre las señalizaciones e indicaciones de seguridad pues toda la zona está llena de altos y abruptos acantilados. El parque cuenta con una extensión de 3.000 metros cuadrados de bosque salvaje y está considerado Reserva de la Biosfera desde 1960. El acceso cuesta unos 12€.

Presenta dos falsos lagos de agua salada (Veliko jezero Malo jezero), dicen que debido a un desastre ecológico cometido por los monjes en la época medieval, que excavaron canales hasta la costa para facilitar su acceso. A raíz de estas obras, el agua del Adriático inundó ambos lagos dejando a la isla sin sus dos grandes depósitos de agua dulce. El lugar donde se encuentran ambos lagos se llama Puente Pequeño, y posee tan sólo medio metro de profundidad, por lo que no se puede atravesar con barcos grandes. En el estrecho de Soline se pueden alquilar pequeñas embarcaciones y canoas para navegar por los lagos.

Sobre un islote en medio del lago Veliko Jezero se encuentra el Monasterio de Santa María, construido en el año 1151 por frailes benedictinos procedentes del Monte Gargano en Italia. Se trata de un monumento presente en numerosos episodios de la historia croata, además de un lugar que ha inspirado poemas y novelas. En la década de los 60 el monasterio funcionó durante un breve lapso de tiempo como hotel. En la orilla del lago existen pequeñas embarcaciones que te llevan hasta ahí, aunque nosotros preferimos admirarlo desde fuera en la distancia.

Si buscáis un lugar placentero con un marco natural preservado en el que sentir la libertad y la tranquilidad, éste puede ser vuestro destino; para los que quieren algo más de movimiento, mejor ir a Hvar.

Día 8:  Ston – Dubrovnik

Después de descansar en el paraíso de Mljet, tomamos el ferry Sobra – Praptatno y nos dirigimos hacia Dubrovnik, que será nuestro destino final.
Siguiendo la costa, a unos 50 kilómetros de Dubrovnik, llegamos a dos pueblos que nos enamoran desde el primer momento por la espectacular muralla que los une: Ston y Mali Ston (“El pequeño Ston”).

Es el segundo muro más largo de Europa, sólo superado por el Muro de Adriano entre Escocia e Inglaterra. Las murallas de Ston se conocen como la «muralla de China de Europa» y su conservación es óptima a pesar de su antigüedad.

Su origen radica en la seguridad, ya que los comerciantes de sal temían por sus mercancías.  Además de sus salinas y producción de sal, este lugar es conocido por la recogida de mejillones y ostras, un delito no degustarlas. Es un pueblo tranquilo poco masificado por el turismo, por lo que podemos hacer una excursión a la zona relajadamente sin tener que esperar largas colas.

La ciudad se recorre rápidamente ya que no es muy grande; destacando la auténtica protagonista: su muralla. Damos un paseo por sus calles empedradas admirando todo lo que nos rodea y atravesamos el puente que nos lleva a las salinas, donde todavía se produce la flor de sal como antaño.

De Ston a Mali Ston hay 5, 5 kilómetros, aunque pronto se podrán recorrer los 7 kilómetros que tenía en el pasado, hoy en ruinas, ya que la muralla está en obras. Nada más subir unos metros, las vistas de las salinas y del pueblo son espectaculares, merece la pena hacer un pequeño esfuerzo para obtener tan grande recompensa.

Continuamos nuestro camino hacia Dubrovnik,  “la perla del Adriático”. Nos alojamos en la zona de Gruž , muy cerca de la estación principal de autobuses y del puerto de ferries. Tuvimos suerte y allí conseguimos aparcar el coche sin tener que pagar, ya que todo el casco antiguo es peatonal, y los alrededores son todos de pago. Desde el alojamiento hasta el centro nos supusieron unos 20 min de caminata, pero no nos importó, ya que así pudimos ver algo más aparte de lo turístico. Buceando por internet he encontrado una web que propone un aparcamiento más cercano al nuestro, un supermercado que queda al lado de una gasolinera, podéis verlo aquí.
Si no lleváis coche de alquiler y preferís el transporte público, hay un montón de autobuses que paran en el Old Town y la zona portuaria. El precio es de 12 kunas si compras el billete en un quiosco o 15 kunas (unos 2 euros aprox.) si lo haces en el bus. Podéis consultar los horarios y recorridos aquí.

Día 9: Dubrovnik

Si sois amantes de Juegos de Tronos esta es vuestra ciudad, ya que en ella se grabaron buena parte de los episodios de la segunda y la cuarta temporada. (Se recrearon, entre otros, Desembarco del Rey, la Batalla de Aguasnegras la Casa de los Eternos, la Fortaleza Roja, etc.) Hay incluso excursiones guiadas a los escenarios de la serie.
Después de pasar un buen rato admirando esos lugares, nos decidimos a obtener una perspectiva diferente de la ciudad, desde las alturas, subiendo a lo alto del monte Srd, donde las vistas panorámicas de la ciudad amurallada son espléndidas. El precio por un viaje de ida y vuelta en el teleférico es de 180 hrk, por lo que subimos a patas, que al final no fue para tanto y hacer algo de deporte tampoco viene mal después de tantas comilonas.
Nos despedimos de la ciudad echando la vista atrás desde la carretera y encaramos el camino hacia el aeropuerto, el viaje toca a su fin, pero ha merecido mucho la pena descubrir este país tan increíble.

EXTRA: MIRADOR SECRETO (O NO TANTO)

Antes de ir a Dubrovnik no sabía de su existencia, pero ahora seguramente haya información sobre él en internet. Yo me lo perdí, pero os dejo las indicaciones que cuenta la autora del blog viajaconlibertad para que no os pase lo mismo y poder disfrutar de las vistas de la ciudad:

«Si te pones mirando de frente a la puerta de Pile, verás que a mano izquierda (en dirección contraria al mar) hay unas escaleras. Pues bien, tienes que subir y subir esas escaleras. Y subir y subir. Llegarás a un punto en el que las escaleras se dividen en dos, yo seguí ascendiendo por las escaleras que quedaban a mi derecha pero igualmente tomes las escaleras que tomes creo que ambas llegan al mismo lugar. Por favor, intenta no acordarte de mi familia cuando estés a punto de echar la bilis por la boca, prometo que merece la pena. Llegará un momento en el que ya no queden más escalones para subir. ¡Felicidades! Ya solo te queda caminar un poquito hacia la izquierda (o derecha si cogiste las escaleras que yo no elegí) y allí encontrarás este bonito mirador en el que casi no hay gente. ¡A disfrutarlo!»

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