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Visitar Edimburgo en cuatro días es casi misión imposible, ya que esta capital europea tiene muchísimo que ofrecer. Desde aquí os contamos qué hacer y ver intentando sacarle el máximo partido a tan breve estancia en el país de William Wallace. Let’s go!!

Día 0: Casco Antiguo de Edimburgo

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Llego a la ciudad sobre las 19:30 de la tarde, con lo que dejo la mochila en el hostel y me dedico a aprovechar lo que queda de día dando una vuelta tranquila por el casco antiguo de Edimburgo e intentando hacer toma de contacto con los alrededores para luego cenar en uno de los famosos pubs de la ciudad: el Deacon Brodie’s, situado en la Royal Mile (la calle por excelencia de la ciudad vieja, que une, con una milla escocesa –1,8 km– de longitud, el castillo con el palacio de Holyrood) y del cual se dice que sirvió inspirar el relato del Dr Jekyll y Mr Hyde.

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El sábado toca levantarse temprano para desayunar y hacer un free tour en español (que así me quedo mejor con las anécdotas) de unas 2 horas y media que nos lleva por los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Hay un montón de ellos situados cerca de la Catedral de St Giles, pero como ya tenía experiencia en otras ciudades, lo reservé con Sandeman’s, y la verdad es que me encantó. Nuestra guía se llama Ana Concejal y la verdad es que hizo muy amena la caminata, repetiría con ella sin duda.

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Partiendo de Tron Kirk (al lado del Starbucks) empezamos por la Catedral de St. Giles, que en realidad no es una catedral, ya que no existe ese rango en la Iglesia de Escocia (carecen de obispo), pero es su templo más importante, así que recibe el título a modo honorífico.

En su interior se encuentra la Capilla del Cardo (The Thistle Chapel) de la orden de caballería más antigua de Escocia. La entrada es gratuita, aunque para la visita guiada al tejado tendrás que comprar entrada, que incluye también permiso fotográfico.

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A pocos metros de su entrada se encuentra el Corazón de Midlothian, que puede pasar desapercibido, puesto que se en encuentra en el suelo y sus colores no destacan mucho: como su nombre indica, es un corazón hecho con adoquines en el suelo de la Royal Mile. Dice la tradición que no se puede pisar si quieres conocer el amor verdadero y además deberás escupir sobre él… (esto último mejor no lo intentéis, puesto que además de asqueroso, está multado por la policía local).

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Detrás de la iglesia se encuentra una placa en la plaza 23 del parking que está allí situado. Aquí se halla el cuerpo de John Knox, fundador de la iglesia presbiteriana.

¿Y cómo ha acabado este señor aquí? Pues antiguamente, Antiguamente, la gente vivía hacinada en la Old Town, donde además se enterraban, unos encima de otros por falta de espacio. Por la situación de la ciudad, el terreno y la manera de enterrarlos cuando llovía los cuerpos salían de la tierra y empezaban a rodar calle abajo huesos y cráneos… Así que se decidió trasladar a todos los difuntos a cementerios fuera de la Old Town a excepción de este señor, que pidió ser enterrado a un número exacto de yardas de St Giles. 

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La siguiente parada se realiza delante de la Mercat Cross situada en dirección al castillo, justo en frente de la City Chambers (el ayuntamiento). Es el punto de referencia donde antiguamente se instalaba un mercado cuya ubicación está marcada con una cruz o similar y donde originariamente se reunían los comerciantes de la zona para ofrecer sus productos y servicios a los vecinos de Edimburgo.

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Al encontrarse en el centro de la ciudad también fue el lugar donde se realizaban los anuncios oficiales y donde se castigaba a los delincuentes. A su lado estaba The Maiden, la guillotina, que fue muy “popular” en los siglos XVI y XVII, debido a lo convulso de la época.

Cuando se pillaba a alguien robando en el mercado, éste era llevado hasta Mercat Cross. El policía agarraba al ladrón de una oreja y se la clavaba con una estaca en una de las puertas de madera, dejándolo ahí durante 24 horas. El ladrón tenía dos opciones: podía quedarse esperando que pasase el tiempo recibiendo toda clase de insultos, patadas e incluso escupitajos y frutas podridas, y tras este tiempo sería liberado y tan sólo le quedaría una pequeña marca que demostraría el cumplimiento de condena.

La otra opción era escaparse de la manera más brutal que os podáis imaginar, tirando de la oreja y desgarrándola para poder huir con la consecuencia de quedar con la oreja rota y dejando ver que aparte de ser un ladrón no había tenido valor de aguantar el tiempo reglamentario. De ahí que era costumbre a la hora de solicitar un trabajo que te pidieran enseñar las orejas para ver si realmente eras de fiar o no.

Per además aquí se realizaban los anuncios oficiales, y hoy en día todavía continúa esa costumbre, así que cuando se designaba un nuevo sucesor al trono y se realizaba la coronación del nuevo monarca, el anuncio oficial se realizaba aquí tres días después de la celebración. La razón de dicho retardo es que tres días era lo que lo que tardaba el caballo más rápido del reino en recorrer la distancia que separa Londres de Edimburgo. Hoy en día los escoceses han mantenido la tradición, así que aquí se hacen oficiales los anuncios tres días después del acontecimiento.

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Continuamos por la Royal Mile y nos metemos en Lady Stair’s close -un estrecho callejón de los múltiples que podemos encontrar en la Old Town- que alberga una plaza interior donde se sitúa el Museo de los Escritores.

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A la salida nos encontramos con la antigua casa señorial de Gladstone’s Land, reconocible por una figura de un águila dorada sosteniendo un ratón entre sus garras de la que cuelga un cartel negro. Se puede visitar por dentro y la entrada cuesta unas 7 GBP.

Continuamos nuestro camino y enseguida aparece la silueta picuda de la iglesia conocida como The Hub, actual sede del Festival de Edimburgo. Por lo visto, la ley hace que las iglesias se autogestionen, por lo que es habitual que alquilen su espacio interior para eventos, e incluso algunas albergan cafeterías.

Y por fin llegamos al castillo, que se alza imponente sobre la colina de Castle Hill y que protegía al viejo Edimburgo desde el siglo XII. Su entrada es bastante cara, aunque merece la pena hacer una visita a su interior.

Antes de continuar nos fijamos en la pared lateral de una de las casas que está enfrente del castillo, donde se hallan dos balas de cañón, aunque una de ellas apenas se distingue, y cuyo nombre no deja lugar a dudas: Cannonball House.

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Bajamos las escaleras y nos vamos hacia Grassmarket, antigua plaza del mercado que guarda un oscuro pasado, ya que allí se levantaba la horca en la que tenían lugar las ejecuciones tan habituales en Edimburgo.

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Allí se encuentra un pub con un curioso nombre: The Last Drop, donde dicen que los condenados tomaban su último trago (ya que se supone que así iban más relajados al patíbulo y el tirón del cuello era más efectivo, por lo que tardaban menos en morir).

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También está el Maggie Dickson, cuyo nombre hace referencia a una de las ajusticiadas más famosas de la ciudad, que sobrevivió a la horca (suponemos que estaba mal ajustada) y como no se podía sentenciar a muerte dos veces a la misma persona, fue absuelta y vivió en el lugar donde se alza hoy día el local con el sobrenombre de la «medio colgada».

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Si nos fijamos en el suelo, podemos ver una mercat cross como la de la Royal Mile, y un dibujo de adoquines que conforman la sombra de una horca, aunque normalmente la gente suele parar ahí a comer y puede pasar desapercibida.

A continuación podemos divisar las coloridas fachadas en pendiente de Victoria Street. Un lado de la calle está estructurado en dos niveles distintos. El nivel superior, con terrazas de restaurantes y edificios más altos que desemboca en la Royal Mile, y el nivel inferior, lleno de pequeñas tiendas independientes y pintorescos bares.

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Dicen que J.K. Rowling se inspiró en esta calle para crear el bullicioso Callejón Diagón de los libros de Harry Potter, lleno de comercios para los magos. Además, desde el nivel superior de la calle se avista el colegio George Heriot, que es probable que sirviera de base para Hogwarts.

La historia de verdad cuenta que el rico orfebre George Heriot fundó el colegio a principios del siglo XVII para que los niños sin recursos de la ciudad pudieran recibir educación gratuita y de calidad, en honor a sus humildes orígenes.

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Nuestros pasos se dirigen al Cementerio de Greyfriars (Greyfriars Kirkyard). Aquí un abogado del siglo XVII llamado Mackenzie encerró a los covenanters (integrantes de un movimiento religioso nacido en Escocia y contrarios a la reforma protestante impulsada por Cromwell) que hubieran participado en el intento de revuelta contra el rey Carlos II. Poco después decidió ejecutarlos a todos ganándose así el nombre de «sangriento Mackenzie» por la crueldad de las ejecuciones.

Cuando Mackenzie murió en 1691 fue enterrado en este mismo cementerio, muy cerca de donde se encontraba la cárcel donde infringió tanto sufrimiento. A partir de los años noventa del siglo XX se empezaron a registrar actividades paranormales en las inmediaciones de su tumba, os contamos la historia completa aquí.

Otra historia más amable es la de Greyfriars Bobby. John Gray trabajaba como vigilante nocturno, y para que hiciese la ronda solo, le asignaron un «compañero», un perro de raza Skye Terrier llamado Bobby. Éste le acompañaba todas las noches hasta que murió de tuberculosis en 1858. Después de que su dueño fuera enterrado en el Cementerio GreyfriarsBobby permaneció al lado de su tumba durante los 14 años siguientes, hasta su propia muerte en 1872.

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Los habitantes de la ciudad se encariñaron con él y le llevaban alimentos y jugaban con él, de hecho, llegaron a pagar la licencia por tener animales de compañía que imponía el ayuntamiento. Como los animales no pueden ser enterrados en los cementerios convencionales, sus restos descansan muy cerca de los de su dueño, junto a la puerta de entrada, donde es habitual ver palos y juguetes que la gente deja junto a su lápida, para que su espíritu pueda entretenerse.

Este perrito se convirtió en un héroe y símbolo de fidelidad para los ciudadanos de Edimburgo y hoy en día se puede contemplar su imagen en una estatua situada al sur del Puente George IV, enfrente del pub de su mismo nombre. Su plato y su collar pueden verse en el Museo de Edimburgo.

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Es en este cementerio donde además podemos encontrar un trozo muy bien conservado de la Muralla de Flodden. En 1513, el rey escocés Jacobo IV invadió el norte de Inglaterra en auxilio de Francia en lo que se conoce como la batalla de Flodden. Pero sufrieron una gran derrota y el rey murió en combate, y ante el temor de una inminente invasión inglesa, se decidió que era necesario reforzar las murallas y accesos para proteger Edimburgo surgiendo dicha muralla.

Durante la visita al cementerio nos relataron una interesante historia, la de la Piedra del Destino. Se desconoce exactamente de dónde procede, aunque la leyenda oficial afirma que  se trata de una piedra que Jacob utilizó para apoyar la cabeza y dormir, y en ese momento sueña con la llamada Escalera de Jacob.

Desde entonces ha sido utilizada para coronar monarcas escoceses en Iona, Dunadd y Scone. En 1296 fue capturada por el rey Eduardo I de Inglaterra y trasladada a la Abadía de Westminster, donde la colocó bajo la silla donde los soberanos ingleses y británicos se sientan durante la ceremonia de su coronación.

La última vez que se utilizó fue durante la coronación de la reina Isabel II, en 1953 y en 1996 fue devuelta a Escocia y colocada en el Castillo de Edimburgo junto a los Honores de Escocia.

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Como punto final a la visita nos acercamos a The Elephant house, el pub donde J. K. Rowling escribió el primer libro de Harry Potter

Si os gustan los museos, podéis visitar  justo frente a la escultura de Bobby, el Museo Nacional de Escocia. Permite al visitante viajar a través de Escocia, desde sus orígenes geológicos hasta nuestros días, sin salir del edificio. abre todos los días de 10:00 a 17:00 horas y la entrada es gratuita.

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Allí se puede ver a Dolly, la famosa oveja que fue el primer animal clonado a partir de una célula adulta en 1996.

Después de comer algo por la zona, me dirijo a Dynamic Earth, una especie de museo de la naturaleza interactivo a recoger el dorsal para la media maratón, ya que han montado la Feria del Corredor allí. De camino diviso la John Knox House, que está considerada como la casa más antigua de la ciudad medieval (1490) y donde vivió el famoso fundador de la iglesia presbiteriana. Se puede visitar de 10 a 17 y la entrada vale unos 6 euros aproximadamente. Podéis comprar las entradas con descuento aquí.

Muy cerca de allí está otro de los lugares más conocidos de la ciudad, el Cementerio de Canongate, donde se encuentran las sepulturas del economista Adam Smith y el poeta Robert Fergusson entre otras. Es habitual entre los tours de fantasmas y desde allí podemos ver algunos de las construcciones más características de Calton Hill.

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Nada más salir de Dynamic Earth, a los pocos pasos me encuentro con el Palacio de Holyroodhouse, donde se aloja la reina de Inglaterra cuando va a Edimburgo. Es realmente elegante, y en sus inmediaciones se encuentran las ruinas de la Abadía de Holyrood y un hermoso jardín inglés.

Merece la pena verlo por dentro, y sobre todo pasear entre las ruinas de la Abadía de Holyrood y de los jardines que lo rodean. Podréis comprar las entradas con descuento aquí

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Continúo hacia el emblemático cerro de Calton Hill, cuyas vistas son realmente impresionantes y son protagonistas de la mayoría de las fotografías de la ciudad, especialmente al atardecer. Para llegar allí hay varias opciones:

  • Desde Princes Street, hay unas escaleras en Regent Road que van directas.
  • Desde el norte existe un camino que parte de la calle Royal Terrace.

En ambos casos el ascenso puede resultar un poco cansado, pero es corto, sencillo y merece la pena el esfuerzo. Una vez arriba, podréis contemplar una panorámica de Edimburgo a 360º. también podéis subir al mirador del Monumento a Nelson para obtener una vista más amplia.

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La estrambótica colección de monumentos neoclásicos de inspiración griega se han convertido en parte del «skyline» de la ciudad y un imprescindible en las fotos de recuerdo del viaje.

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El más conocido es el National Monument, una ambiciosa construcción para conmemorar a los soldados escoceses muertos en las Guerras Napoleónicas. Se pretendía que el monumento fuese una réplica del Partenón de Atenas, pero los fondos destinados al proyecto se agotaron y la construcción se paralizó, dejando en la cima doce columnas que se ganaron el apodo de «la vergüenza de Edimburgo».

A pesar de todo ello, la ciudad perpetúa el sobrenombre de «la Atenas del norte» que se ganó durante la Ilustración. Una vez recorrido todo el perímetro de Calton Hill, comencé a bajar en dirección a Princes Street, eje principal de la New Town.

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Entre Waterloo Place y Princes Street está el imponente Hotel Balmoral, con su estilo victoriano y su gran reloj, que tradicionalmente estaba pensado para alojar a los viajeros que venían desde la cercana estación de Waverley. Para fans de la saga, en la suite 552 J. K. Rowling terminó de escribir el libro de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte en 2007.

Hoy me tomo el día con calma, ya que al día siguiente corro el Medio Maratón de Edimburgo y no quiero cansarme a base de recorrerme la ciudad a pie, así que ceno cerca del hotel, veo la final de la Champions League en un pub cercano y pronto a cama.

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Por la mañana amanece un día frío y nublado, de los que me gustan para correr. Me dirijo junto a un montón de gente somnolienta en mallas hacia el punto de partida, muy cerca de la Old Town. La carrera tiene una primera parte eminentemente cuesta abajo, hasta llegar a la parte de la Playa de Portobello, y después será llano-cuesta arriba hasta el final. Vuelvo a descansar un rato al hotel y pegarme una merecida ducha antes de ir al Standing Order a comer, un pub ubicado en un antiguo banco donde merece la pena comer aunque solo sea por verlo por dentro.

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Me doy una vuelta por la Old Town a mirar y comprar souvenirs y luego dirijo mis pasos hacia la New Town, donde hago una parada junto a los Jardines de Princes Street para admirar el Monumento a Scott, construido en homenaje al novelista escocés de dicho nombre y el más grande construido en honor a un escritor. Se puede subir arriba tras sortear casi 300 escalones en forma de caracol, previo pago de unas 5 GBP.

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Muy cerca de allí se distinguen dos edificios neoclásicos, que conforman la Galería Nacional Escocesa, junto a la enorme colina artificial conocida como The Mound. Continúo la marcha dando un paseo bordeando el Water of Leith hasta llegar a la encantadora Dean Village, una pequeña aldea en el centro de la ciudad que parece salida de algún cuento y cuya visita os recomiendo.

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El día ha sido tranquilo, ya que se ha ido mitad del día con la carrera, con lo que este día no hago nada más que ir a buscar un sitio para cenar algo y descansar las piernas para el día siguiente.

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