Otra forma de viajar que últimamente está en auge es el turismo para asistir a eventos deportivos, ya sea a mirar o a participar. Cada año son más los corredores que deciden ir a correr un maratón  fuera de su ciudad, bien sea en el famoso de Nueva York que cada año agota sus inscripciones o en los también muy deseados de Boston, París, Berlín o Tokio. El padre de una amiga lleva haciendo esto desde hace muchos años (podéis leer sus crónicas aquí), y reconozco que gracias a él me empezó a picar el gusanillo de este tipo de viajes.

Llevo ya bastante tiempo corriendo, pero la palabra maratón impone, y más para una corredora popular que se pasa 10 horas al día sentada delante de un ordenador. Aún así me decidí a intentarlo, y el elegido para debutar fue el Zurich Marató Barcelona. Llegamos el sábado a la estación de Sants tras un cómodo viaje en el AVE y nos dirigimos  a la zona de  Plaza de España para recoger el dorsal e irnos familiarizando con la zona, ya que la carrera empieza y acaba allí.

Situada al pie de la Montaña de Montjuïc, cuenta con 34.000 metros cuadrados que la convierten en una de las plazas más grandes de España. Fue proyectada para la Exposición Universal de 1929 como vía de comunicación entre Barcelona y las poblaciones del Bajo Llobregat. Destacan sus dos monumentales columnas de estilo barroco inspiradas en el campanile de San Marcos de Venecia en torno a un hemiciclo.

Además podemos ver una preciosa fuente de inspiración clásica situada en el centro que representa una alegoría poética a España: tres grupos escultóricos que simbolizan los ríos que desembocan en los tres mares que rodean la península ibérica, el Ebro (Mediterráneo), el Guadalquivir y el Tajo (Atlántico) y unas figuras de adolescentes para los ríos del mar Cantábrico; en los vértices del estanque se sitúan tres grupos que representan los frutos y dones de las aguas: la Abundancia, la Salud Pública y la Pesca y la Navegación, alrededor del cuerpo central se sitúan tres columnas con diversas figuras y emblemas que simbolizan la Religión, el Heroísmo y las Artes.

A su lado podemos encontrar el Centro Comercial Las Arenas: Construido sobre una antigua plaza de toros de estilo neomudéjar, ofrece excelentes vistas de la plaza y sus alrededores desde la terraza superior. Entre la Plaza de España y el Museo Nacional de Arte de Cataluña se encuentra la Fuente Mágica de Montjuïc, que efectúa juegos de luz y de agua creando todo un espectáculo.

Fuente: buena vibra

La recogida de dorsales se realiza en la Expo situada al lado de los campaniles, así que aprovechamos la tarde para pasear por la zona de la antigua Exposición Universal antes de emprender rumbo al Barrio Gótico. Aunque no es lo más recomendable antes de recorrer los 42, 195 kms, decidimos ir caminando con calma para disfrutar de la ciudad.

Situado en el corazón la ciudad, el Barrio Gótico (Barri Gòtic) es el núcleo más antiguo y una de las zonas más hermosas de Barcelona. El agradable barrio está delimitado por Las Ramblas, Vía Laietana, el Paseo de Colón y la Plaza de Cataluña. Las angostas y laberínticas calles medievales del Barrio Gótico de Barcelona componen el escenario ideal para disfrutar del centro de la ciudad sin prisas, deleitándose con los restos que se conservan del glorioso pasado de la ciudad.

Bajando por el Paseo de Gracia nos encontramos con dos edificios más representativos de la singular arquitectura de Gaudí (autor entre otras obras de El Capricho, en Comillas): La PedreraCasa Milá y la Casa Batlló.

Un poco más abajo de Plaça de Catalunya (una de las plazas más grandes de España) encontramos la Catedral de Santa Eulalia, también conocida como la Seu, ejemplo de la arquitectura gótica catalana del siglo XIV. En la Plaza Sant Jaume se ubican el Ayuntamiento y el Palacio de la Generalitat. A lo largo de su historia, la plaza ha sido el lugar de celebración de numerosos acontecimientos históricos y a lo largo del año se celebran multitud de actos que incluyen exposiciones, conciertos y manifestaciones, además de las celebraciones de las victorias futbolísticas. Los alrededores de la céntrica Plaza de San Jaime están repletos de lugares de interés y agradables callejuelas que serpentean por el centro de la ciudad, entre las que destaca la Carrer del Bisbe, que une la Plaza de San Jaime con la Catedral de Barcelona.

Fuente: catalunya press

Siguiendo la Rambla de las Flores llegamos al Mercado de la Boqueria,  que en la actualidad ha perdido un poco la esencia original de lugar para comprar productos frescos y se ha convertido en una llamativa atracción turística, llena de puestos de comida de todo tipo, similar a los mercados modernos, como el de San Miguel en Madrid. Al final nos vimos tentados por un rico olor a brasa de un pequeño local de hamburguesas situado en un lateral llamado Barrachina Meat & Burger, carnicería y hamburguesería todo en uno, donde poder disfrutar de una increíble carne de calidad y tener la oportunidad de comprar la misma materia prima para llevar a casa. Las cocinan en horno de leña, lo que les da un sabor característico y vienen acompañadas por unas patatas cortadas a mano que están de 10. La única pega que tiene es que el espacio es reducidísimo y se forman colas para entrar, aunque merece la pena 😉

Fuente: artelaguia2000

Muy cerca está la Rambla de los Capuchinos o Rambla del Centro, donde se encuentran numerosos lugares de interés en sus inmediaciones, como son el Gran Teatro Liceo, el Palacio Güell, la Plaza Real o Santa María del Mar (que aparece en el libro «La catedral del mar» de Ildefonso Falcones, y nos transporta a la Barcelona del siglo XIV).

Al final de la avenida, justo antes de llegar al mar se encuentra el Monumento a Colón, un conjunto escultórico de unos 60m de altura donde la figura de Cristóbal Colón domina el cielo barcelonés, sosteniendo una carta de navegar con la mano izquierda mientras que con el brazo derecho señala, de manera simbólica, la ruta hacia América. Desde este punto, si miramos hacia el este, a nuestros pies hallaremos el Port Vell y el Puerto Industrial, además del Puerto Olímpico. Asimismo, si seguimos la línea de la costa observaremos la panorámica de la zona nueva del Forum y la Torre Agbar a lo lejos.

Fuente: barcelona-home

Y precisamente ahí dirigimos nuestros pasos, al popular barrio de la Barceloneta. Hasta mediados del siglo XVIII ésta era una zona prácticamente deshabitada. En 1754 los pescadores comenzaron a establecerse en esta zona de la ciudad debido a su cercanía con el mar. A pesar de haber adquirido un aspecto más moderno, aún conserva su encanto especial. Sus calles estrechas y las fachadas oscurecidas por la sal del mar han convertido esta zona una de las más apreciadas de Barcelona, un lugar con un ambiente tranquilo, marinero y familiar que se mantiene ajeno a la gran ciudad.

Uno de los principales atractivos del barrio son sus playas, las más grandes, conocidas y concurridas de la ciudad. Cuentan con un gran ambiente y excelentes servicios. Las calles resultan muy agradables y peculiares; callejones estrechos repletos de edificios antiguos, iglesias y algunos locales que conservan su decoración desde hace casi 200 años. La zona del barrio más cercana al mar presenta un paisaje más moderno, aunque aún se conservan las antiguas tradiciones y al caer la tarde es posible contemplar la llegada de los barcos pesqueros que descargan sus capturas para realizar una subasta con los pescados más frescos.

Para descubrir el encanto del barrio nada mejor que perderse por sus estrechas callejuelas sin preocuparse por el rumbo, parando para degustar los pescados más frescos en cualquiera de los restaurantes de la zona. Además de su atractivo natural, el barrio cuenta con numerosos lugares de interés entre los que podríamos destacar el Museo de Historia de Cataluña o la Torre del Reloj, la construcción más antigua de la zona que fue edificada en 1772 para funcionar como faro del puerto.

En la Playa de la Barceloneta es posible coger el teleférico para llegar hasta el Mirador de Miramar y disfrutar de las vistas del puerto. A sólo unos pasos es posible realizar algunas compras en el centro comercial Maremagnum, ver una película en los modernos cines IMAX o sumergirse en el mundo marino en el Aquarium.

Después de tanto pasear, paramos a descansar en el Puerto Olímpico, un lugar ideal para disfrutarlo tanto de día como durante la noche, ya que se encuentra repleto de restaurantes, terrazas, zonas de ocio, pubs, discotecas y espacios comerciales, además de contar con varias playas en las cercanías. Uno de los símbolos más representativos del Puerto Olímpico son las dos enormes torres situadas junto al mar del Hotel Arts y la Torre Mapfre. El Puerto Olímpico de Barcelona cuenta además con la zona comercial Marina Village, un moderno centro comercial con decenas de tiendas de ropa de primeras marcas y algunos restaurantes.

Volvemos hacia nuestro hotel, cercano a Plaza de España (salida y meta del maratón) para cenar algo y descansar, ya que al día siguiente el despertador sonará a las 6 de la mañana para desayunar con calma  y preparar las cosas. Como soy amateur y primeriza me sitúo en el último cajón, saliendo unos 15 minutos después que la élite, aunque el calor del público, el confeti y la canción de Barcelona interpretada por Freddie Mercury y Montserrat Caballé hace que se te pongan los pelos de punta al pasar por las dos inmensas torres de la plaza y te sientas como un héroe.

Como lo importante es disfrutar y acabar, voy con calma, disfrutando de las partes más emblemáticas de la ciudad (porque también se puede conocer una ciudad a golpe de zapatilla ;)) Con algún que otro achaque pero con ganas afronto la ligera pendiente de Avinguda del Paral·lel, queda apenas un km y ya vislumbro de nuevo las torres de la plaza que dejé 4 horas atrás. Finalmente cruzo la meta con una sensación entre euforia y alivio: ¡¡reto conseguido!! Toca darle un descanso a mis pobres patitas para seguir paseando al día siguiente, pero no sin antes darme un buen homenaje a base de deliciosos calçots en la playa de Gavá.

Al día siguiente, como era de esperar, mis piernas estaban rígidas como un palo, pero aún así no me pude resistir a dar una vuelta por el Parque Güell y subir al Tibidabo antes de partir de vuelta a Madrid.

Como veis, dos días dan para mucho si se aprovecha bien el tiempo. Me voy con gratos recuerdos y con la idea de regresar a esta ciudad cosmopolita lo antes posible, quién sabe si para otro maratón… Continuará.

  1. Pues para pasarte 10 horas al día sentada delante de un ordenador, tienes que tener mucha fuerza de voluntad para apuntarte a una maratón ¡Enhorabuena! Desde luego no es para cualquiera. Me pareció super interesante esta forma de turismo. Lamentablemente no es nuestro caso, jeje. Saludos 🙂

    • jajaja muchísimas gracias!! el turismo deportivo está cada día más en auge debido a esta cultura de cuidarse y de vida sana que está surgiendo. Supongo que cuando uno hace lo que le gusta, no importa lo duro que sea, pues la recompensa final hace que todo merezca la pena, cuántas veces nos habremos pegado madrugones para tomar un avión, o pasar interminables horas de autobús o tren cuando estamos de viaje, pero luego lo disfrutamos mucho ehh? 😉

      Un saludo!!

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